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Fichas policiales de cenetistas

Copia de los documentos escaneados que figuran en el archivo histórico del ateneo de la villa.

Entrevista a Manuel Velasco realizada por Ateneo de la Villa de Cieza

LA MEMORIA ORAL DE LOS QUE PERDIERON LA GUERRA.

MANUEL VELASCO: RASTRILLAOR Y CENETISTA

  1. Introducción. Las memoria oral de los vencidos

“(…) la historia oral ciertamente puede ser un instrumento para transformar el contenido y el objeto de la historia.

Puede ser utilizada para transformar el enfoque de la  historia en sí misma y abrir nuevas áreas de investigación, puede romper barreras entre generaciones, entre las instituciones educativas y el resto de la sociedad; y en el proceso de escribir la historia – en libros o museos – puede colocar a aquellas gentes que hicieron historia, a través de sus propias palabras, en un lugar central”

(Paul Thompson)

La transmisión oral de los hechos relevantes en el suceder histórico de los pueblos fue la forma tradicional de conservar su memoria colectiva antes de que aparecieran los libros de historia.  Antes que los cronistas fueron los juglares los que recogieron la tradición oral y la mantuvieron viva en sus romances y poemas épicos, algunos de los cuales finalmente alguien escribiría para que su memoria no se perdiera.

Pero las crónicas de historia se suelen escribir siempre desde los habitáculos del poder de los vencedores y sirven de herramienta legitimadora del mismo, por lo que indefectiblemente, cuando no son abiertamente manipuladoras de los hechos, al menos, en mayor o menor medida, vienen a ser selectivas y sectarias, con intencionados lapsus con los que se silencian sucesos oscuros y voces discordantes de la versión oficial que se estima políticamente correcta.

Hay coyunturas históricas especialmente convulsas donde la manipulación de la historia y el silencio de las otras voces se hace más ostensible. Así sucede en los regímenes autoritarios y dictatoriales que tras su ilegítimo, y casi siempre sangriento, acceso al poder, pretenden rehacer los anales del país subyugado, para lo que, inventándose un eje del bien y del mal allá donde sus propios intereses lo sitúan, proceden a trucar y ocultar archivos, y a falsear la historia del exterminio físico y moral de los otros, destruyendo la memoria de los vencidos.

Este fue el caso del régimen político de Franco, que pretendió reescribir la Historia de España a su imagen y semejanza, presentándose como sucesor moral de los Reyes Católicos, borrando de la memoria colectiva los anhelos de progreso de la experiencia republicana y enterrando en el olvido de las cunetas de los caminos los cadáveres maltrechos de los vencidos. Desde pequeños reductos de investigadores, años más tarde, se hubo de emprender la tarea de suplir, aunque sólo fuese en cierta medida, tantas omisiones y falacias de la historia oficial, para lo que no sería suficiente el acceso a archivos expoliados e incompletos, acudiéndose a las fuentes orales. Será a partir de testimonios obtenidos de sobrevivientes de la guerra civil como se hará posible la recuperación de aspectos de la memoria popular de aquellos acontecimientos que yacían invisibles.

Y es que en ausencia o en escasez de fuentes escritas sobre un periodo histórico convulso, la historia oral viene a ser una herramienta imprescindible para reconstruir el pasado al suministrar datos de primera mano que permiten analizar de aquellas complejas coyunturas históricas sus aspectos más intangibles, como son la mentalidad de sus protagonistas, la imagen que quedó grabada de aquella realidad histórica, las muy diversas pautas de conducta, las redes informales del poder o la propia historia de los grupos marginales….; en definitiva, una nueva percepción de los acontecimientos desde la mirada de la gente anónima del pueblo que protagonizó momentos épicos de su historia silenciada.

Se cita al periodista norteamericano Allan Nevis como al investigador que en 1948 acuñó por primera vez el término “historia oral”, referido a la labor de recuperación de testimonios de personas que vivieron otra época y que de otro modo se perderían irremediablemente. La historia oral vino a asumir el reto permanente de una operación de rescate de fuentes únicas en trance de desaparición.

La historia oral de nuestro pasado reciente ha de ser también una tarea contra el olvido, tanto del recuerdo de la experiencia republicana (con sus luces y sus sombras) que se sigue ocultando y manipulando después de atravesar cuarenta años de acoso y derribo, como de su fatal y sangriento quebranto por un golpe militar y una brutal y prolongada represión, que se intentó disfrazar de época de paz y orden, y que aún se pretende justificar como respuesta merecida a los desmanes de la izquierda revolucionaria.

La historia oral tiene actualmente, más que nunca, la imperiosa tarea de recuperar la memoria contra el olvido. Un olvido que, justo es decirlo, fue no sólo decretado por el franquismo, sino también, de algún modo, prolongado por el pacto de silencio de la transición, donde la contrapartida a la legalización de los partidos de izquierda vendría a ser pasar página del pasado, establecer un nuevo punto cero en la historia de España, lo que a la larga produciría en la memoria colectiva un inmenso vacío y un profundo estado de amnesia.

En ese estado de cosas, los testimonios orales están llamados a ser un precioso instrumento de recuperación de la memoria.

Como tales testimonios y relatos autobiográficos son desde luego reflejos subjetivos de la realidad, percepciones de los hechos por una persona en un marco histórico determinado. Son también reconstrucciones de un tiempo pasado que durante mucho tiempo estuvo prohibido hasta mencionar y que, pese al tiempo transcurrido, quedaron grabados en el diario íntimo de la memoria de las personas. Pero como no todas los contemporáneos viven con la misma intensidad los acontecimientos comunes, no todos los supervivientes de aquellos años guardaron cuidadosamente el recuerdo de sus vivencias.

Pese a todo, no puede pretenderse sacar de los testimonios orales conclusiones absolutas, debiendo contrastarse con otras fuentes documentales, cuando las haya, y ponderarse en el contexto en que se producen. Pero tampoco hay que reducir su valor a la mera anécdota de un recuerdo individual, debiendo tenerse en cuenta en el análisis de los testimonios que la percepción de la experiencia no sólo es individual, sino que casi siempre viene tamizada por el filtro de la pertenencia a determinado colectivo o grupo, cuyos miembros comparten unos valores y cuya mentalidad presenta ciertos rasgos comunes, con lo que el testimonio oral viene a trasmitir no solo vivencias personales sino criterios y pautas de conducta colectivas.

El testimonio oral recogido en estas páginas corresponde a MANUEL VELASCO, que nació en Cieza en 1919, fue obrero de la industria del esparto y miembro de la C.N.T., y miliciano y soldado del Ejército Rojo que, “cautivo y desarmado”, perdió algo más que una guerra.

Siendo muy joven, vivió intensamente aquellos años de la experiencia republicana y de la guerra civil, y guardó en un lugar reservado de su memoria un archivo con los recuerdos de aquellos días.

Tras un paso breve por la cárcel, Manuel Velasco sobrevivió en los tiempos de revancha de la represión, sometido a libertad vigilada y a un silencio de piedra. Gastó su vida entre los nocivos rastrillos de las fábricas de hilaturas de esparto, símbolo identitario de la vida económica de Cieza durante la primera mitad del siglo XX, y luego en máquinas hiladoras de las nuevas fibras textiles importadas (sisal, yute, coco). Nunca llegaría a abandonar este sector laboral hasta su retiro por invalidez a los 59 años, con los pulmones ya muy deteriorados por tanto polvo y tanto tinte respirado en sus largas jornadas de trabajo.

En los años 70, todavía en activo, participó en la reconstrucción de un incipiente movimiento sindical local en el sector de la ya entonces llamada industria de “Fibras Diversas”, al que se dio cobijo en los locales del Club Atalaya, a cuyas actividades culturales y cursos de formación obrera Velasco –que así era como se le conocía- fue un asiduo y activo asistente. Allí, en pequeños círculos de discusión, empezaría a desempolvar algunos fragmentos de su vida, reafirmando sin complejos, y sin  estruendo, sus principios anarquistas.

La entrevista cuyo contenido se reproduce a continuación fue grabada finalmente en 1 de abril de 2005 en los locales del Club Atalaya / Ateneo de la Villa de Cieza, en un proyecto de recuperación de voces obreras del pasado.

Velasco murió en febrero de 2006, en su prudente y lúcido silencio, diez meses después de habernos entreabierto su caja de recuerdos y de presencias en una conversación amiga.


  1. Recuerdos de los compañeros de las Juventudes Libertarias y de la CNT

“…si la juventud de España,
de un impulso solo y verde,
alzara su gallardía,
sus músculos extendiese
contra los desenfrenados
que apropiarse España quieren,
sería el mar arrojando
a la arena muda siempre
varios caballos de estiércol
de sus pueblos transparentes,
con un brazo inacabable
de perpetua espuma fuerte.”

(Miguel Hernández)

  • Yo tengo ya 86 años. ¡Cómo pasa el tiempo!…

Así empezó a hablar ante la grabadora cuando se inició la entrevista. Los años efectivamente no habían pasado en balde. Últimamente sus dolencias cardio-                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  respiratorias se habían agravado y aparecía visiblemente fatigado. En su ahora palidecido rostro, aún seguían chispeando inquietos sus pequeños ojos. Era una persona enormemente afable, de verbo fluido y mesurado, que conociendo el destino de la grabación no puso objeción alguna a nuestro requerimiento.

Al preguntarle sobre sus recuerdos de los años de la República, rememoró con orgullo su condición obrera y su ideario libertario.

  • Cuando la República, yo estaba en las Juventudes Libertarias… Yo he sío rastrillaor. Entonces los rastrillaores éramos casi toos de la CNT, igual que las picaoras. Los hilaores estaban más con la UGT.

El anarquismo tuvo gran predicamento en los sectores obreros de Cieza, llegando a ostentar un importante peso regional como sede desde 1937 de la Federación Comarcal de Sindicatos Únicos-CNT, que abarcaba a los pueblos de Cieza, Yecla, Abarán, Ojós, Villanueva, Barinas, Macisvenda, Ricote, Blanca, Fortuna, Ulea, Jumilla y Abanilla[1]. Cieza había desarrollado desde finales del siglo XIX una incipiente industria del esparto que terminaría ocupando numerosa mano de obra masculina, femenina e infantil,  en una progresiva transformación de la sociedad agraria tradicional en una estructura social urbana de burgueses y proletarios. Tanto en los centros fabriles, como en la construcción y en el campo tuvo lugar una importante presencia, no exenta de rivalidades, de los dos grandes sindicatos obreros de la época, la Unión General de Trabajadores (UGT)  y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). En la industria espartera la afiliación llegó a ser bastante alta, presentando una distinta implantación de tendencia sindical según las profesiones, como han venido recordando algunos de sus protagonistas[2].

Velasco mantiene la definición apolítica de la corriente libertaria, para diferenciarla de las alternativas socialista y comunista, sin deslizar ningún matiz despectivo respecto a otras posiciones ideológicas de izquierda.

  • La CNT, al contrario del partido socialista, era apolítica, era un sindicato que quería el comunismo libertario. La lucha era por el comunismo, pero por la vía rápida, sin más historia…

Entre sus correligionarios, Velasco vino a recordar en primer término a Pascual Navarro, amigo desde la infancia, un joven que empezó su militancia como vendedor de prensa anarquista y que llegaría a tener un papel destacado como representante de CNT-FAI en la retaguardia local,  desempeñando funciones de Alcalde como Presidente del Consejo Municipal durante algunos meses en los años de la guerra[3].

  • Recuerdo a Pascual Navarro, que fue alcalde… Incluso fuimos caseros, vivíamos en la misma casa antes de la República. Mi tío El Meñe, que se quedó en la casa donde yo vivía cuando yo me fui de allí de casero, fue el que introdujo a Navarro en la política. Porque Navarro sufrió un accidente, que se cayó a una zanja cuando estaban haciendo el Mercao de la Plaza de Abastos y se rompió un brazo. Total que se quedó inútil. Entonces mi tío como lo veía que estaba inútil de un brazo, pos pa que se ganara algo le dijo que si quería vender prensa. Y lo metió. Habló con los de la CNT y tal…, y ahí empezó Navarro. Tendría entonces menos de veinte años. Navarro empezó al poco de entrar la República a vender la prensa anarquista: Solidaridad Obrera, Fragua Social, Estudio, La Novela Ideal…, en fin toa la prensa que tenía la CNT. Se dedicó a repartir, a llevar la prensa a las fábricas… Navarro enseguida se embarcó, se lanzó mucho…, como vendía la prensa y tal, pos leía mucho.

En los primeros años de la República, Velasco estuvo entre los que junto a Pascual Navarro constituyeron la rama juvenil del anarquismo en Cieza.

  • Se formaron las Juventudes Libertarias en Cieza, y cuando en la época en que cerraron los sindicatos[4] pos entonces nos reuníamos en su casa (de Pascual Navarro), que vivía por el final de la cuesta del Chorrillo donde baja a la calle San José. Ahí nos reuníamos en su casa, en una habitación que tenía él, y ahí empezamos las Juventudes Libertarias.

Los movimientos juveniles tuvieron durante la segunda república un gran despegue, tanto desde la izquierda como desde la derecha, siendo la juventud una caja de resonancia  del cambio social que se estaba produciendo, pese a las restricciones que sobre la militancia juvenil se intentaron establecer durante el bienio negro[5].

 

Las Juventudes Libertarias surgieron en toda España por aquellos años. En agosto de 1932 tuvo lugar en Madrid el congreso fundacional de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), también conocida como Juventudes Libertarias o Juventudes Anarquistas, organización que se extendió con rapidez por toda España y llegaría a convertirse en la tercera rama del movimiento libertario junto con la CNT y la FAI[6]. En las filas socialistas y comunistas habría asimismo organizaciones juveniles que serían la punta de lanza de la llamada “radicalización” socialista[7].

Velasco, en tributo a aquel despertar político compartido, nunca perdería la relación con Navarro, al que siguió viendo hasta en sus últimos días.

  • Pascual Navarro murió hace un año asín. La última vez que lo vi fue un poco antes de morirse y ya estaba muy malico, que tenían ya que darle de comer por mano.

Otro de los personajes que quiso destacar Velasco en su evocación de cenetistas ciezanos fue Pascual Gómez “Polilla”, ratrillaor como él, aunque varios años mayor, y emblemático defensor de las causas obreras: una especie de delegado de guardia permanente de la acción sindical directa, hombre honesto y desprendido donde los hubiera, y ferviente orador que dejó entre sus compañeros un recuerdo imborrable.

  • También recuerdo de aquella época a Pascual Gómez “Polilla”. Era una buena persona. Precisamente estaba rastrillando a mi lao ca Zamorano. Era mocico. Iban las mujeres picaoras de cal Gallego[8] muchas veces por las mañanas a llamarlo porque tenían algún problema con el encargao, o por cosas que pasaban, porque a lo mejor les pesaba y no les gustaba el peso, les robaban en la báscula… Por eso la CNT tuvo una romana registrá, de esas grandes, y entonces iban con la romana pesando el esparto y veían lo que les robaban a las picaoras. Pos ya te digo, Pascual Polilla estaba rastrillando al lao de mí y se dejaba el rastrillo, se iba con las compañeras a atender el caso y ya daban las horas y no volvía, y jamás le interesó un céntimo de nadie. Era muy…, tenía poca preparación pero tenía mucho diálogo, se ponía a hablar en un escenario cualquiera y no paraba de hablar, hablaba de lo que fuera…, y convencía a la gente.

Tuvo asimismo un recuerdo para las mujeres sindicalistas de la república, algunas de las cuales llegaron a sufrir cárcel y persecución. Las picaoras de esparto (un oficio característico de empleo de mujeres por la destreza de sus manos en la peligrosa tarea de colocar y retirar las manadas de esparto bajo un enorme mazo de madera que golpeaba a ritmo constante sobre una gran piedra) protagonizaron diferentes huelgas y conflictos en reclamación de sus derechos[9], encontrando mayor afinidad con la CNT. En sus filas destacarían algunas mujeres de fuerte carácter y marcado compromiso en defensa de sus compañeras. Algunas de ellas sufrirían cárcel, cuando no otras represalias humillantes (el rapado de la cabeza sería el castigo ejemplar más preferido por los falangistas), y su nombre se mantuvo en la invisible memoria popular muchos años después.

  • De las picaoras asín destacás en aquella época, pos he conocío a la Bailona, a la Dolores la Cocona, que era hermana del Artesón, de la Josefica y de la Encarnación la Cocona, la que arreglaba los porrazos. A la Bailona y la Dolores la Cocona las tuvieron a las pobres encerrás no sé cuanto tiempo en la cárcel de Murcia, después de la guerra…[10]

 

  1. Voluntario en el Ejército Rojo. La columna de Hierro. El frente de Teruel.

“¿Habéis organizado ya vuestra colectividad? No esperéis más. ¡Ocupad las tierras!

Organizaos de manera que no haya jefes ni parásitos entre vosotros.

Si no realizáis eso, es inútil que continuemos hacia adelante.

Tenemos que crear un mundo nuevo, diferente al que estamos destruyendo.

 Si no es así, no vale la pena que la juventud muera en los campos de batalla.

Nuestro campo de lucha es la revolución”

 

“(…) Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”.

(Buenaventura Durruti)

 

Su compromiso con la causa republicana llevó a Velasco a su alistamiento voluntario como gran parte de la juventud libertaria en las milicias populares.

  • Me fui a la guerra voluntario en enero del 37 con 18 años. Hasta la quinta del 22 se la llegaron llevar, que le decíamos la “quinta del saco” y también a la “quinta del biberón” que era la del 42. Yo me fui voluntario con “el Pequeño” y el Andrés, que eran primos hermanos del padre de Jerónimo Villa. Al Andrés lo destinaron a la “Columna España Libre” y al “Pequeño” y a mí a la “Columna de Hierro”. Nos fuimos voluntarios un montón de gente del pueblo.

 

Tras el golpe militar del 18 de julio del 36, en las zonas donde la sublevación fracasó, se formaron milicias de civiles organizadas por los partidos políticos y los sindicatos, improvisándose un ejército de voluntarios dispuestos a terminar con los últimos reductos de los sublevados, siendo los anarquistas quienes más contribuyeron numéricamente[11]. Para una mejor organización de los recursos en el otoño de 1936 el  gobierno de Largo Caballero aprobó el Decreto de militarización de las Milicias Populares, que se llevaría a cabo en muchos puntos contra de la voluntad de sus integrantes, sobre todo los anarquistas, enemigos de estructuras organizativas rígidas, entre ellos, el carismático Buenaventura Durruti, muerto el 20 de noviembre de 1936. Finalmente, entrado 1937, las milicias, aun conservando algunas sus nombres primitivos, se convirtieron en regimientos o divisiones de un Ejército regular, el llamado Ejército Popular Republicano. Y los milicianos se convirtieron en soldados.

Las columnas “España Libre” y “de Hierro” que cita Velasco fueron milicias de combate promovidas por la FAI y la CNT, que estuvieron formadas principalmente por voluntarios anarquistas procedentes del Levante, teniendo que luchar en el frente con muchas carencias. La Columna España Libre provenía de Alicante, y la Columna de Hierro, de Valencia. Esta última, configurada como un cuerpo armado asambleario y sin jerarquías, sería una de las últimas columnas en integrarse en el sistema de brigadas del Ejército republicano, y su resistencia a la militarización les llevaría a enfrentarse a las propias organizaciones del movimiento libertario[12].

La decisión de Velasco de incorporarse a la guerra como voluntario no le vendría por influencia familiar, sino por proselitismo de sus compañeros anarquistas.

  • Me pregunta mi padre: “¿Tú por qué te quieres ir?” Y a mí, como no me se ocurría na, le dije: “Pos pa comprarme un abrigo largo”. Por ahí salí…, tuve esa ocurrencia. A mí me convenció pa irme uno del pueblo, un amigo, Pascual el Patas. El caso es que me fui a la “Columna de Hierro” y me metieron en una compañía que la llamaban de “Pancho Villa” por el apodo de quien la mandaba, que le decían Pancho Villa… y llevaba el tío un sombrero mejicano y to. [13]

Lo llevaron al frente de Teruel, donde nada más llegar, sin tiempo a preparatorios, le sería entregada un arma.

  • Pos ya me incorporo, y luego a otro día me llevan a la Puebla de Valverde[14]. Me entran a una habitación donde había un montón de fusiles y armas viejas de toas clases, y me dice mi amigo este, el Patas, que coja una, la que más me guste y digo yo: “¡Arrea manco! Si yo no he visto en mi vida un fusil.” Y entonces me dio una “tercerola” que eran los fusiles corticos que llevaba la guardia civil de a caballo, unos fusiles que eran distintos a los que llevaban los guardias civiles que iban a pie. Me dice: “Tú de momento toma este fusil. Como tú nunca has cogío ningún arma, esta es más amanosica y es mejor pa ti.” Pos bueno, me agencio de la “tercerola” esa.

Allí en el frente, un joven Velasco vivió la tragedia de la guerra en toda su crudeza, con la muerte segando vidas a su alrededor en un espectáculo dantesco sin freno. Aún permanecían en su memoria los recuerdos más duros de aquella experiencia.

  • Estuve en un montón de sitios. En el frente de Teruel[15] nos llovían las balas por toas partes ¡Madre mía!… Aquello era una carnicería. En una de estas, noto asín como que me caía agua, en la trinchera, y le digo al que estaba arriba: “¡Cojones, chico! ¿Es que estás meando encima de mí?” ¡Joder!, resultó que el tío estaba desangrándose, y me caía la sangre encima como a gorgotones… A lo mejor estaba al lao de uno pegando tiros y cuando me vuelvo la cabeza pa decirle algo ya no estaba: “¡Pos pijo! ¿Aonde está éste?” Y lo tenía debajo de mí, reventao de un tiro. Y como esas muchas… Yo no me explico cómo me libre de que no me pegaran algún tiro, porque caíamos como chinches.

 

  1. Los sucesos de la cárcel de Cieza (septiembre del 36).

Los muertos pocas veces libertad

alcanzáis a tener, pero la noche

que regresáis es vuestra,

vuestra completamente”

(Jaime Gil de Biedma)

 

Unos luctuosos sucesos tuvieron lugar en la cárcel de Cieza el 28 de septiembre de 1936 que no pasaron desapercibidos para ninguno de sus vecinos. Manuel Velasco tenía 17 años entonces, y nunca olvidó aquello. Una multitud incontrolada asaltó la cárcel siendo asesinados a balazos cuatro ciezanos de ideología de derechas que estaban detenidos: Fulgencio Serra Rodríguez (Abogado y Juez sustituto), José Marín Camacho (Juez Municipal), José Pérez Gómez (industrial y exalcalde) y Pedro Molina Ramírez (obrero rastrillaor de esparto). En una ceremonia macabra, sus cuerpos fueron seguidamente rociados de gasolina y quemados. Fue un lamentable y desgraciado suceso que manchó de sangre y de ignominia a la Cieza republicana, “una mancha pa la causa”, como diría un viejo militante ugetista[16].

Todo empezó con un homenaje póstumo organizado por el Frente Popular Antifascista de Cieza a un miliciano muerto cuyo cuerpo habían traído por tren desde el frente, como trae a la memoria Velasco.

  • Trajeron muerto del frente a un tal Aroca, que era de la CNT. Semitiel, que era socialista y luego creo que se exilió a Méjico, se subió al estrao de la música que estaba en el Paseo antiguo y desde allí lanzó un discurso incendiario que soliviantó a la gente: “Que si a los nuestros los están matando los fascistas, y sin embargo ellos, los fascistas del pueblo, tan a gusto aquí, haciendo lo que les da la gana…

Velasco se refiere a Andrés Semitiel Rubio, destacado dirigente del PSOE local y  Secretario del Frente Popular Antifascista de Cieza, que efectivamente se exilió a Méjico, regresando a Cieza tras la muerte de Franco por algún tiempo. No fue el único que intervino en la arenga. También lo haría, según otro testigo presencial[17], José Templado Martínez, médico republicano de izquierdas y Presidente del Frente Popular, persona de gran prestigio y renombre político, que fue Diputado en las Cortes Constituyentes de 1931, que luego sería encausado penalmente por su negligente inducción a esos crímenes, con  condena a muerte luego conmutada.[18]

El relato de Velasco continúa con voz contenida, distanciándose de lo que a continuación de las arengas iba a ocurrir.

  • Y, claro, se armó el lío… Cuando la caja pasa por el Camino de Murcia ya pa el cementerio, a la altura de la cárcel, los más exaltaos se metieron pa la cárcel, donde estaban encerraos algunos de derechas. El asalto a la cárcel me pilló a mí estando aún yo en Cieza porque fue en septiembre del 36. Yo estuve en ese entierro como casi to el pueblo, pero cuando ya se terminaron los discursos y se llevaban al muerto pa el cementerio pos me fui a mi casa, que vivía en la calle Prim. Y no había hecho na más que poner el pie en el poyo de la puerta cuando oigo los tiros: ¡Pam! ¡Pam! ¡Pam! Me vuelvo a ver qué había pasao y me encuentro a una mujer por la calle chillando, histérica: “¡Criminales! ¡Asesinos!”, y digo: “¿Qué pasa?…” Pos eso, que habían matao a esa gente en la cárcel…

A nadie de los convecinos con filiación de izquierda le ha gustado recordar después aquel fatídico día en que el terror y el desasosiego ensombreció las paredes y las esquinas del pueblo con muy malos presagios[19]. El entierro del joven miliciano desató una macabra espiral de venganza. Una embestida de una masa violentada, retrocedida a tiempos de barbarie, saqueó la cárcel, matando a quienes, en la ceguera de su venganza, se les identificó con el ejercito fascista que con su levantamiento, había obligado a los jóvenes obreros a convertirse en milicianos que caían muertos lejos de su tierra.[20]

El asalto a la cárcel fue una acción de desenfreno colectivo, con detalles oscurecidos que luego la memoria colectiva reconstruiría con versiones no siempre coincidentes. Alguna versión recriminó de indolencia al funcionario de la cárcel en su custodia de la puerta[21], mientras que la versión retenida por Velasco se muestra más comprensivo con la actuación del carcelero.

  • Y ya digo, el asalto a la cárcel fue porque mataron a uno de aquí del pueblo que se había ido voluntario al frente… ¡Aquí es que éramos muy revolucionarios! … Bueno, pues en septiembre lo matan en el frente y… Entonces entran a la cárcel y le dicen al oficial de guardia que había allí, que le dieran las llaves. Y este hombre, que era un hombre bastante honrao y que conocía a muchos que habían estao en la cárcel, se vio obligao a darles las llaves porque le dijeron: “Si no nos das las llaves, te llevamos a ti también palante.” Bueno, que entraron. Habían ocho o diez de derechas encerraos como fascistas, y entonces entran, a unos sacan pacá, a otros pallá… Abrieron toas las puertas de los calabozos: “¡Venga, tos fuera!” Los sacaron al patio y allí mataron a cuatro: Fulgencio Serra, Pepito Pérez…, y no me recuerdo ahora mismo de los otros…, eran patronos … ¡Ah bueno, sí! Otro era Macharrín, hermano de las Macharrinas…Y el otro no me recuerdo ya… [22]

La elección de las víctimas parece que fue aleatoria, sin que los asesinados fueran personas especialmente significadas políticamente, aunque estuvieran en el entorno del partido Acción Popular[23]. Hubo otras personas de derechas que estaban detenidas en la cárcel aquel mismo día, que sin embargo fueron salvadas de los disparos. Velasco recordó muy a su pesar que uno de los que entraron a la cárcel y dispararon a los derechistas, según luego le confesaría en 1939 cuando estuvieron encarcelados, fue un miliciano anarquista amigo suyo que en su exaltación se vio arrastrado por la vorágine de aquel funesto día de venganza, de lo que siempre se arrepentiría, y que sería luego ajusticiado.

  • Recuerdo, lamentablemente recuerdo, que precisamente un amigo mío, el que me animó pa ir al frente y me dio la “tercerola”, pos fue uno de los que entraron en la cárcel. Porque le pilló aquí…, ya que se vino a su casa de permiso y se trajo el mosquetón, que lo había cogío del montón, pos aquello de las armas no estaba controlao y la gente se venía de permiso, o se lo tomaban ellos por su cuenta, y se traían los fusiles al hombro sin dar cuenta a nadie. Había mucho desbarajuste… Luego, cuando nos juntemos, porque nos juntemos luego (en el año 39) en la cárcel, con mi amigo éste que entró en la cárcel con el mosquetón, que se llamaba Pascual Sánchez Salmerón, el Patas, con él me había ido yo a la Columna de Hierro esa…, le dije: “Miaque Pascual, cómo te se ocurrió entrar en la cárcel con el mosquetón … No estuvo bien eso”. “Pos sí tienes razón, Manuel. Yo que sé que me pasó por la cabeza aquel día… Estaba encangrenao y no supe lo que hacía. Demasiao lo siento yo, que me van a matar.” Y es que este amigo mío era una persona muy exaltá, muy nervioso… El veía, por ejemplo, a un fascista en el Paseo y se lo llevaban los demonios…, se iba pa él y lo ponía decenturao perdío, le decía de to…, hasta el punto que a veces lo teníamos que sujetar pa que no se liara a hostias con los fascistas del pueblo. Y yo le decía: “Y tú pa que tienes que meterte con ellos. Tú déjalos en paz y ve a lo tuyo…”. “Es que me sacan de quicio estos fascistas ¡Pijo! Son tos unos criminales”, me decía. Y en la cárcel yo le dije pa animarlo: “Oye, a lo mejor aún puede haber algún arreglo”. Y el pobre se conoce que aún tenía alguna esperanza de que no lo afusilaran porque me dijo: “Pos yo la verdad es que aún tengo un poco de esperanza, porque ese día agarré a uno cuando ya lo sacaban pa el patio y lo volví a encerrar en el calabozo pa que no lo mataran. Si esa persona de derechas a la que yo me refiero declara eso que hice a mi favor, pos a lo mejor consigo salir de esta”. Pero esa persona a la que mi amigo había salvao ese día, no habló a su favor y al final lo afusilaron, junto a otros del pueblo.

Refiere también Velasco, en boca de su amigo, la confesión pública que haría de su autoría en los disparos, reconociendo su culpa.

  • Cuando el juicio, que se hizo en el “grupo escolar” (actual colegio “Santo Cristo”) sacaron a tos los acusaos de la cárcel y los llevaron esposaos, ataos con cuerdas hasta el Grupo. Y claro, lo que pasa, el uno que sí, el otro que no… Querían enrollar en vez de a cuatro, por ejemplo, a veinticuatro. El uno que yo no estuve, el otro que si… Y ya mi amigo se hartó, se levanta y dice: “Señores, aquí hay que decir la verdad, porque resulta que van a castigar a gente que no tiene culpa … Y yo soy uno de los que dispararon. Sí, yo, Pascual Sánchez Salmerón, el Patas, asín que el que haya disparao que lo diga porque si no lo voy a tener que decir yo, pos no es justo que castiguen a los que no tienen culpa de na.” Hay que reconocer que le echó cojones a la cosa.

En las copias de fichas de investigación e información que se elaboraron desde la Comisaría del Ayuntamiento durante los primeros años de la represión, con destino a órganos penitenciarios o consejos de guerra, es recurrente el dato sobre la participación o presencia de los informados en los sucesos del 28 de septiembre del 36, que serviría para justificar el mayor o menor grado de las penas impuestas[24]. Se comentó desde varias procedencias que un fotógrafo de la localidad (Pascual Nicolás) había realizado fotografías durante el entierro del miliciano, que fueron las que servirían luego a los falangistas y policías para identificar a los asistentes al acto.

 

  1. Fin de la Guerra: represión y revancha del francofalangismo.

El techo es de piedra. / De piedra son sus muros
y las tinieblas. / De piedra el suelo
y las rejas./ Las puertas,
las cadenas, / el aire,
las ventanas, / las miradas,
son de piedra. / Los corazones de los hombres
que a lo lejos acechan, / hechos están
también de piedra. / Y yo, muriendo
en esta larga noche / de piedra
”.
(Celso Emilio Ferreiro)

Tras la derrota republicana llegó el final de la guerra, que para los militantes de izquierda que no pudieron o no quisieron exiliarse supondría su tránsito a la tumba o al encarcelamiento, dando comienzo a una larga noche de piedra que no acabó con la excarcelación sino que se prolongaría en un marco de libertad vigilada siempre bajo sospecha de enemigos del régimen. El territorio español se convertiría en una inmensa prisión de los perdedores. La cifra de presos se triplicó desde marzo a diciembre de 1939, llegando a más de 270.000 reclusos. Hubo además entre 150 y 188 campos de concentración, por los que pasaron hasta marzo de 1939 casi 370.000 prisioneros. En las cárceles y los campos fueron fusilados arbitrariamente muchos presos, muriendo muchos otros a consecuencia de torturas, de hambre y de enfermedades (NICOLÁS).[25]

La represión desatada por el franquismo tras concluir la guerra vino a consistir en la ejecución y persecución de cientos de miles de ciudadanos cuya ideología no coincidiese con las ideas fascistas del “glorioso movimiento”, fuesen de izquierdas o hasta de derechas: “Hay que sembrar el terror…hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”, declaración del General Mola al inicio de la sublevación[26], que se mantendría tal cual tras la victoria.

Sería una represión planificada y sistemática, adoptando varias modalidades (desde ejecuciones sumarias a vejaciones públicas), todo ello con  el apoyo de la Iglesia (que llamaría Cruzada al golpe militar), la burguesía y los falangistas. Los datos numéricos de las víctimas siguen siendo todavía un baile de cifras, por tanto oscurantismo que se imprimió a la investigación histórica del Franquismo. Los últimos recuentos de mayor rigor, aunque incompletos por referirse a sólo veinticuatro provincias, cifran los muertos en 78.946, en su mayoría de militancia anarquista[27]. Otros cálculos aproximativos llegan a 150.000 victimas, habiéndose producido la mayoría de los fusilamientos entre 1939 y 1948, cuando ya la guerra había terminado, siendo ejecutados por pura revancha y para escarmiento de los vencidos.

En Murcia, una provincia que había apoyado al régimen republicano hasta el final de la guerra, el poder franquista se impuso con una fuerte represión política y social a la que se dedicaron todos los esfuerzos entre 1939 y 1945. La medida más drástica fueron los juicios sumarísimos de urgencia seguidos por los tribunales militares y los Consejos de Guerra Permanentes contra excombatientes republicanos, acusados irónicamente de delito de adhesión a la rebelión militar. En la provincia de Murcia, las personas ejecutadas por el nuevo régimen desde 1939 a 1950, según estadísticas oficiales, se cifran en 855.[28]

El escarmiento a los republicanos de Cieza pasó por varias condenas a muerte que serían ejecutadas, de las que Velasco guarda algunos de los nombres.

  • Pos ya cuando termina la guerra afusilaron a varios del pueblo y encerraron en la cárcel a un montón de gente. Por cualquier motivo ibas palante… Pues precisamente afusilaron a éste que entró en la cárcel y que yo me fui con el a la columna de hierro, a Pascual Sánchez el Patas. También quitaron de enmedio a Juan Miguel Fernández[29]. Afusilaron también a Fernando Bermejo[30]. Afusilaron al Senén, el famoso Senén que dijo que se había comío las orejas del cura Zorro, y también a un hermano del Senén. Eran de la CNT… Afusilaron a…, bueno mataron a varios más del pueblo, pero ahora mismo no me recuerdo bien de los nombres…

Hubo bastantes más ejecuciones de cenetistas, socialistas y comunistas[31], y de algún republicano[32].

La figura del “Senén”, José Ortíz Ferrando, un cenetista ajusticiado que quedó en la iconografía popular como un personaje perverso por sus brutalidades, para ejemplificar la maldad de la Segunda República, fue comentada por Velasco con bastante distanciamiento pese a su filiación anarquista, sin ocultar su bravuconería y desfachatez pero suprimiendo aspectos irracionales de la versión más extendida. También puso en su sitio al llamado “cura Zorro”, como personaje característico de una Iglesia beligerante que había tomado claramente partido por el fascismo.

  • Pos el Senén ese era un tio fanfarrón… Era de Agramón. Él y su hermano vinieron aquí a Cieza vendiendo gavillicas de leña y luego ya se quedaron aquí y trajeron a la familia. La historia esa de que se comió las orejas del cura Zorro no era verdad. ¡Qué pijo se iba a comer el Senén las orejas del cura! El cura Zorro ese era un tío salvaje, un bruto. Le gustaba mucho montar a caballo, cazar, beber… y se empeñaba por cojones en decir misa y de paso hacer propaganda fascista, a pesar de que los de la “comisión del garrote” esa le tenía advertío de que llevara cuidao con lo que decía en las misas. Hasta que un día, cuando terminó la misa, los de la “comisión del garrote” se presentaron en la sacristía y le pegaron una paliza. Entonces, a partir de ahí el cura cobró miedo y se fue de Cieza huyendo pa refugiarse en Hellín. Y cuando se enteraron de que estaba en Hellín diciendo misa como si tal cosa y defendiendo a los fascistas, pos cogieron un coche y se fueron pallá. Y allí, en Hellín, agarraron al cura Zorro y lo montaron en el coche*. Y en el camino de vuelta pa Cieza hicieron un alto y lo sacaron del coche: “Venga, vamos a mear”, le dijeron. Y allí mismo le pegaron dos tiros y lo mataron. Pos bueno, se pasa eso y al Senén, que era un fanfarrón, le dio por decir por ahí de que había matao al cura Zorro y luego le había cortao las orejas y se las había comío. Y claro al terminar la guerra, esa barbaridad le costó muy caro. El día en que lo iban a juzgar lo tuvieron que llevar arrastrando entre dos porque no se sostenía en pie de las palizas que le habían dao en la cárcel, que ni siquiera podía articular palabra…

El asesinato del Mariano Ruiz, el Cura Zorro, sobrenombre popular muy extendido de un sacerdote hellinense que había sido capellán en Cieza, daría lugar a los más diversos bulos sobre la amputación de la oreja, y luego a diversas acusaciones a todos los que participaron en el mismo de alguna medida, como fue el caso del conductor del vehículo que transportó a los ejecutores hasta Hellín[33], o que presumieron de haberlo hecho, como ocurrió con un comerciante de un bar que se sumó de boquilla a la chanza[34]. En un Consejo de Guerra de noviembre de 1939 fueron condenados a muerte, como autores del asesinato de este cura, los cenetistas José Ortíz Ferrando, (a) Senén, Fernando Bermejo Ríos y Juan García Moreno[35].

Todos los que habrían tenido cierta significación política o sindical pasarían por las cárceles en mayor o menor tiempo. Los cenetistas, aun los más pacíficos, no pudieron eludir su encarcelamiento. Pascual “Polilla”, histórico dirigente de CNT, hombre pacífico por excelencia, padecería al acabar la guerra algunos años de cárcel, pasando por las de Cieza y Murcia, desde donde sería trasladado al Penal de El Dueso en Santoña (Cantabria), donde en 1942 coincidiría junto a más de ocho mil presos políticos con su paisano el ugetista Pepe Nicolo que organizó un taller de elaboración de alpargatas de esparto[36].

El propio Velasco sería sometido a interrogatorio sobre su pasado, que inicialmente pudo diluir en una aparente afiliación sindical por mera inercia, sin compromiso ni actividad alguna, esquivando a los informadores del pueblo.

  • Al terminar la guerra pos tenían que controlar a to el mundo. Entonces pusieron… en la calle San Sebastián, aonde mismo está ahora la galería Serrano esa, en la casa que era de los Chapuli, allí pusieron la comandancia, y estaba por allí pos el Minuto ese que era policía. Ese estaba allí de asesor y al mismo tiempo de chivato. Entonces llegó un teniente militar y el Minuto estaba allí porque tenía que haber alguien que le informara de que fulano de tal es esto o es lo otro, ha hecho esto o lo otro, tal y cual… Y claro, yo tuve que presentarme como to quisque. Terminamos de trabajar y yo quedo con un amigo: “Vamos a presentarnos, a ver que pasa…” Pos llego a la comandancia esa y a esto que salía este amigo, que había ido antes que yo, con la cara descompuesta, y al verlo le digo: “¿Qué, te has despachao ya?” “Sí, pero me han dicho que me espere aquí en la puerta”. Entonces salen, cogen y se lo llevan a la puerta donde estaba la relojería esa de Muñoz. Allí había un camión esperando. ¡De la Comisería esa al camión! A esto, que me asomo y al entrar en la primera habitación a mano izquierda, que era donde interrogaban, como estaba la puerta abierta veo allí al chache de Pedrín Motos, que había sío de la CNT , que le estaban preguntando. Bueno, le pegaron una pasá de palos al pobre hombre… Le decían: “Este es uno de los revolucionarios rojos que animaban a la gente pa…” Ya te digo, le dieron al pobre hombre un enjuague de hostias que… “¡Hala, al camión!” Y digo yo pa mí: “¡Madre mía, la que me espera!” Veo yo que era la hora que iban a cerrar pa irse a comer…, y dice el Minuto este: “Bueno, voy a ver si cambiamos el agua al canario”. Se levantó y se fue a orinar. Y digo yo: “¡Ahora es la mía!” Porque el Minuto ese me conocía, y entonces aprovecho la ocasión y me presento al teniente antes de que saliera el Minuto de mear. Empieza el tío a preguntarme, rapidico porque iba siendo la hora de comer: -¿Usted ha sido voluntario con el ejército rojo? -No, yo me fui por mi quinta. -¿Y usted ha sido algo en el ejército? -No señor. Yo soldao pelao. -¿Usted a qué organización política pertenecía? -Pos yo… a la CNT. -¿Desde cuando? –Pos ya cuando faltaba poco pa terminar la guerra. Me dijeron que tenía que apuntarme… y yo pos me apunté. -Pos nada ya se puede usted ir. Y me di media vuelta buscando la puerta de la calle, justo al tiempo en que el Minuto salía de mear abotonándose la bragueta. Digo: “¡Joder, me he salvao!” Salí, como dicen, por la puerta grande. Porque si allega a estar presente el Minuto ese, no me libra ni… Y asín que esa vez me escapé por los pelos.

Finalmente, tras un chivatazo, sería descubierto su alistamiento voluntario a filas, que no pudo ocultar, y terminaría también pasando por la cárcel, después de minimizar lo que pudo los detalles de su pasado libertario más comprometedor.

  • Pero no me duró mucho la alegría, porque luego, al poco tiempo, me engancharon y me tuvieron tres meses en la cárcel, y otros seis meses que no me dejaban salir de mi casa. Solamente podía salir durante to ese tiempo pa ir a trabajar. Y me engancharon por culpa de un pobre imbécil que se fue de la lengua. Pos resulta que fueron a pegarle a don José Caballero, el Guapo, a uno que le decían el Chitirrín…, a unos cuatro o cinco amigos que irían a pasearse por la Atalaya… Y van y dicen que estaban los fascistas reunios por allí…, y fueron unos cuantos a pegarles. Luego, cuando termina la guerra pos se acuerdan de uno, del Yuste, ese que hacía los helaos, y le echan mano. Y se conoce que le dirían que si decía los nombres de los que iban con él aquel día, a él no le iban a hacer na; entonces se ve que el pobre imbécil se embarcó, digo yo, y empezó a largar… El caso es que dice que iban varios, y que entre los que iban, pos iba yo, y también el hermano del Chorla, el pastor. A los dos nos metieron en lo mismo. ¿Será posible? Pos gracias a que yo me pude desenliar, porque cuando me dicen la fecha en que había sío eso, lo que había pasao y tal, digo: “Yo nunca he ido a pegarle a nadie, ni a la Atalaya ni a ninguna parte.” Pos gracias que pude demostrar que yo no estaba aquí en Cieza, que había ido al frente… Pero claro, entonces me dicen: “¿Pero cómo que estabas tú en el frente, si no tenías aún la edad…? ¿Es que te fuiste voluntario?” Por donde tirara estaba pillao, no tenía escapatoria. Se juntaron allí tos los fascistas aquellos y Camachón. Por cierto, Camachón estaba en la cárcel encerrao cuando aquello del asalto y no le pasó na… Ese era un tio fanfarrón. Y me dice Guadaña: “¿Tú de que quinta eres?” “Del 39”, le digo yo. Entonces me dice el Camachón ese: “De esa fecha no se habían llevao al frente a nadie. Te irías voluntario.” Y digo: “Eso sí que lo he hecho, irme de voluntario” –les dije-. “Me podéis castigar por haber ido al frente de voluntario, pero no por ir a pegarle a nadie, cosa que no he hecho en mi vida.” Pos me libré de que no me echaran dieciséis años, dos meses y un día como le echaron a él, al Yuste. Pude justificar que estaba en el frente, con quién estaba… y eso, pero, con to y con eso, fui a la cárcel.

 

  1. La cárcel.

“Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.
Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:
no le atarás el alma.”

(Miguel Hernández)

La cárcel de Cieza era cárcel del partido judicial abarcando buen número de pueblos de la comarca (Abarán, Blanca, Ricote, Ojós, Ulea, Villanueva, Fortuna, y Abanilla), por lo que a los pocos días quedó abarrotada de presos políticos, que se hacinaron en sus ruinosas dependencias sometidos a condiciones infrahumanas, no descongestionándose el recinto hasta 1946[37]. Llegaron a haber más de dos mil detenidos, remitidos de todo el partido judicial, incluso de Jumilla[38]. Entre ellos llegó a haber unas cuarenta mujeres, como recordó uno de los detenidos[39]. También en Ascoy, en los primeros meses del franquismo, se instaló un provisional campo de concentración con unos 800 prisioneros ocupando los edificios construidos para fábricas de armamento del ejército republicano[40].

  • Entonces la cárcel del pueblo estaba atestá de gente ¡Arrea! Pos estaban allí, en la habitación más grande que había, tos los del Frente Popular …, y donde yo estaba, que era una habitación pequeña, habíamos dieciséis, dormíamos tos en el suelo, unos pegaos con otros, ahí tiraos en el suelo tos acostaos. No había ni camas, ni sillas, ni na. Había dos patios en la cárcel. En uno de ellos estaban los más significaos del Frente Popular y los otros, como yo que sólo estaba acusao de haber ido voluntario al frente con el ejército rojo y de estar apuntao al sindicato de la CNT, estaban en el otro patio.

El hacinamiento y amontonamiento de presos permitió alguna fuga aislada, que sería reprimida de la forma más sangrienta para que no cundiera el ejemplo[41] En su interior, el hambre y la enfermedad eran el orden del día, necesitando para sobrevivir la imposible ayuda de las empobrecidas familias.

  • En aquella época en la cárcel no daban de comer ni daban na. Los familiares tenían que llevarnos lo que podían pa que no nos muriéramos de hambre allí encerraos. Entonces yo tenía una hermana viviendo en Madrid, y como allí no faltaba el pan, pues mi hermana menor fue a Madrid y se trajo un saco de bollos de pan pa que no me faltara a mí mientras estuviera en la cárcel, que mi madre los metió en el arca guardaos con llave… y nadie de la familia los probaba, na más que yo, to los días me llevaban un bollico.

De la cárcel de Cieza los recluidos con mayor gravedad en sus imputaciones eran trasladados luego a la prisión de Murcia, por donde entre 1939 y 1945 pasaron más de 15.000 reclusos. Sólo al año después de acabar la guerra, la cárcel de Cieza aún albergaba a más de 500 reclusos (entre ellos 48  mujeres, cuatro de ellas con sus hijos menores internados[42]), siendo puestos en libertad después de algunos meses de internamiento a buena parte de los detenidos para descongestionar el recinto carcelario,… y para abastecer de mano de obra a las fábricas de esparto, donde los fabricantes, desaparecidos los sindicatos y ante la coyuntura económica de la posguerra, vieron una oportunidad única de enriquecimiento rápido.

  • Y después de estar casi tres meses en la cárcel de Cieza y cinco o seis días en comisería, me echaron. Estaba el Pinchauvas, que era el secretario del juez y me dice: “Venga, firma aquí”. Y le digo: “¡Podré leerlo antes!” “Venga, tú firma, es tu libertad, a la calle…, Y ahora a trabajar y a ser bueno”.

Como España entera se había convertido en una prisión, no se sabía muy bien, cuando uno estaba en el bando de los vencidos, hasta donde llegaba la sombra de los barrotes invisibles. Así recuerda Velasco la confusión en los días inmediatos a su excarcelación.

  • Y ya cuando me soltaron, pos eso, me dicen: “A trabajar y a ser bueno”. Pos nada, me voy a trabajar y a otro día va el Guadaña a mi casa a ver dónde estaba yo, y entonces le dice mi madre: –“Pos se ha ido a trabajar” -“¿Cómo a trabajar? ¿Es que no sabe que no puede salir de aquí de su casa? ¿Es que no sabe que la libertad que le han dao es libertad atenuada?” -“Pos yo no sé lo que es la libertad atenuada esa”, le dice mi madre. -“Pos que tiene que estar aquí sin salir a la calle pa na. Asín que cuando salga del trabajo que se pase por la comisería.”. Pos ya cuando salí del trabajo me dice mi madre eso y voy a la comisería, y entonces me dijeron que si no me habían dicho a mí que no podía salir de mi casa. Y digo: “Pos a mi me han dicho que a trabajar y a ser bueno. Pos, pijo, más vale que me hubieran dejao encerrao allí. ¿De qué voy a vivir yo si no trabajo?

 

  1. Epílogo: “A trabajar y a ser bueno”.

“Yo no sé muchas cosas, es verdad
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos…
Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…
Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…
Y que el miedo del hombre
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos…
Y sé todos los cuentos

(León Felipe)

La necesidad de mano de obra adiestrada en el trabajo del esparto, que los empresarios del esparto seguían requiriendo, determinaría posiblemente que la represión se hiciera más selectiva con los elementos más significados, permitiendo que el resto se incorporase a las fábricas, donde los esperaban jornadas extenuantes y míseros salarios. Pero las salidas nocturnas eran controladas por la policía. Velasco, que tenía novia, tuvo que arreglárselas como un furtivo para ir a rondarla, esquivando a los vigilantes por itinerarios poco iluminados.

  • Pos me tuvieron tres meses en la cárcel y seis meses que no me dejaban salir de mi casa. Que ya por lástima y por hacerme un favor me dejaron, por el camino más corto, ir de mi casa al trabajo. Y vigilao. Y la policía pasando por mi puerta a ver si estaba o no estaba. Y yo sin poder ver a mi novia. Eso era lo que más me jodía. Pero yo, y ahí está la familia que lo puede decir, no pasé una noche sin poder ver a la novia. Hombre, los guardias me vigilaban a mí, una pareja pasaba por mi puerta a ver si yo estaba en mi casa, pero ya no volvían. Y yo dije: “¡Ah amigo! Estos na más que pasan una vez.”. Había que buscarle la cúbica al asunto, porque… Pero claro, tenía que ir ca mi novia igual que los bandidos que van a robar o a hacer algo, buscando los rincones, huyendo de que no me viera nadie que me conociera, pos con tos los camisas viejas esos que habían ¿A ver por dónde me echaba? Me tenía que ir por la Plaza de los Carros, buscando los callejones oscuros, evitando por donde hubiera gente, que hubiera luz. En fin…, asín hasta la Plaza Colón, donde vivía mi novia.

Para los vencidos la Guerra civil no acabó en abril de 1939: la persistencia durante casi cuatro décadas de la dominación dictatorial, y la exclusión y marginación de los vencidos en el “Nuevo Estado franquista”, perpetuará la división y la confrontación durante la penosa postguerra, que fue mucho más dificial de superar para los derrotados (González)[43].

“A trabajar y a ser bueno”, esa fue la consigna, el salvoconducto que le impusieron a Manuel Velasco para estar fuera de la cárcel. Lo de trabajar estaba claro, y si no, ya se encargarían los empresarios y capataces de enseñarlo. Lo de ser bueno, también estaba claro: había que dejar de ser malo, lo que significaba dejar de frecuentar las malas compañías del pasado.

  • Y es que después de la guerra la cosa se puso muy jodía pa los que ya estábamos fichaos. Fíjate que ni siquiera nos podíamos juntar los compañeros ¡Que va! Cómo nos íbamos a juntar… Mira si es decir que una noche, ya había pasao tiempo, me acuerdo que era verano y yo estaba hablando con un amigo tranquilamente de nuestras cosas en el Muro y de pronto apareció por allí un tal Campos, un tío de esos falangistas malasombra, y nos dice: -¿Qué haceis aquí? -Pos na, hablando. -¿Conque hablando? Venga, venirse conmigo ahora mismo. -¿Qué pasa? ¿Qué hemos hecho? -He dicho que os vengáis, coño. Y sin rechistar. Y nos llevó el tío a donde estaba entonces la comisería …, enfrentico de ca el Pilindro, donde estaba la Academia Almi Y allí nos tuvieron encerraos toa la noche sin más explicación. Menos mal que apareció por allí uno, buena persona, que se compadeció de nosotros y nos dijo: -¿Por qué estáis aquí vosotros? Y le dijimos lo que había pasao, que estábamos hablando tranquilamente en el Muro y llegó el tío ese…  -¿Pero vosotros no le habéis ni siquiera contestao, ni na? –nos dice. –Pos no señor. -¡Válgame! ¡Venga, ya podéis iros a vuestra casa! –nos dijo.

El local de la CNT ubicado en la calle de Salvador Seguí (nombre puesto en honor de este militante cenetista catalán asesinado en 1923 por pistoleros a sueldo), que con el nuevo régimen se cambió por calle del General Mola, fue incautado por los falangistas y convertido en “Hogar del Productor”, un bar-cantina para ir a jugar al dominó y leer la prensa oficial (que era toda), y en sus paredes, para que no se llamaran a engaño sus antiguos usuarios, se hizo rotular las nuevas consignas sindicales rebajando los humos al obrerismo libertario: “No creas que tu condición de obrero te atribuye derechos superiores a los del resto de la sociedad”[44].

Comenzaba la larga noche de piedra del franquismo, que mantuvo subyugada varias décadas a la clase obrera de España para permitir una explotación laboral sin control sindical, en condiciones laborales muchas veces insalubres que cercenaron la salud.

  • Pos sí, esas cosas pasaban entonces. Y ya te digo, a los tres meses de estar en la cárcel me soltaron y me dijeron eso: “Y ahora a trabajar y a ser bueno”. Y eso es lo que he hecho. Ser bueno no lo sé, pero trabajar sí he trabajao. He sío rastrillaor manual, prácticamente se puede decir que toa mi vida, pos desde que me enseñé siendo crío he estao rastrillando sin parar. Y tragando mucho polvo. Yo creo que lo que más me afectó, aparte del polvo del esparto, fueron las anilinas de los tintes de la fibra de sisal, o sea tintando la fibra del sisal pa las alfombras y to eso… Por eso me retiré a los 59 años, enfermo de los bronquios.

En los últimos años de Franco, por la misma fuerza del desgaste de la dictadura, se recobró algo de libertad en la sociedad civil, y surgieron iniciativas sindicales semiclandestinas para mejorar las condiciones laborales. Ni la UGT ni la CNT, los grandes sindicatos históricos de la España republicana, diezmados sus cuadros por la dura represión, pudieron mantener la presencia hegemónica de entonces, y en algunas zonas, como Cieza, eran prácticamente inexistentes. Durante los años 70 habían venido surgiendo las Comisiones Obreras (CC.OO.), un nuevo tipo de sindicalismo socio-político promovido desde el PCE, así como algunos nuevos sindicatos de distintas procedencia y estrategias.

En Murcia sería la Unión Sindical Obrera (USO) la que, potenciada desde sectores cristianos obreros (la JOC fundamentalmente), irrumpiría junto con CC.OO. en el desierto panorama sindical de esta región. En Cieza, en lo que quedaba de la industria espartera, alcanzaría la USO cierto protagonismo en la negociación del Convenio Colectivo de Fibras Diversas, todavía en el marco del sindicato vertical que daba sus últimos coletazos. Velasco se sintió rejuvenecer con los nuevos aires sindicalistas que soplaban. En la fábrica de “Hilaturas Egea”, donde quemaría sus últimas jornadas de trabajo, secundaría las modestas acciones de presión obrera que se planificaron, apoyando y aconsejando a su compañero Pascual “Lagarto”, elegido delegado sindical con gran resistencia patronal.

Tras la muerte de Franco, la UGT, fuertemente apoyada por el renacido PSOE y la socialdemocracia europea, recobraría parte de su importancia anterior, rivalizando con el nuevo sindicalismo de CC.OO., apoyado por el P.C.E., por entonces la otra importante fuerza de la izquierda. La CNT en aquel nuevo escenario no pudo apenas encontrar sitio, siendo postergada tanto desde el gobierno central, como desde los partidos políticos y los mismos grandes sindicatos, para quienes desde las Cortes se diseñó un modelo sindical que venía a excluir a los sindicatos minoritarios y a los que profesaban alternativas de corte libertario, como era la acción directa y el rechazo a los colaboracionistas comités de empresa.

Los viejos militantes cenetistas de Cieza volvieron a reunirse esperanzados de reconstruir aquella nave descuartizada que fue el sueño libertario. Pero ya no era su tiempo. En los primeros años álgidos de la transición alcanzaron cierto eco, celebrando varios actos, entre otros, un mitin con participación de la emblemática Federica Montseny, que tuvo lugar precisamente en el local que fuera en sus tiempos de la CNT en la calle Pérez Cervera, que le había sido incautado por el Régimen de Franco en 1939[45] y cuya devolución reclamaban. Aquel fulgor se fue apagando poco a poco, reduciéndose su eco a grupos de jóvenes de escasa constancia. Para colmo, en el seno de los grupos anarcosindicalistas a nivel estatal aparecieron fracturas irreconciliables, que redundarían negativamente en el tímido renacer de la alternativa libertaria en los pueblos.

Pedro Avilés Navarro, superviviente de la república y carpintero de profesión, encabezó el discreto retorno de la CNT a la escena local. Gran parte de sus energías las dedico a recorrer despacho tras despacho, mostrando las escrituras originales de propiedad a nombre del “Sindicato Único de Trabajadores de Cieza” y reclamando del Estado democrático la devolución de su local, que había sido adquirido en su día con las aportaciones de sus afiliados. Murió en el empeño, iniciado ya el nuevo siglo XXI, desencantado de los desaires recibidos y cansado de esperar en vano la unión de las distintas facciones anarcosindicalistas para tener más fuerza ante el Gobierno. Había visto como a UGT sí le devolvían su sede histórica, además de recibir pingües subvenciones, mientras que el local de la CNT era utilizado como torre de babel repartiendo su espacio físico entre entidades de la más diversa ralea[46].

Velasco participó a relativa distancia en los nuevos conatos de reconstrucción de la CNT local. Se había dado cuenta, mucho tiempo antes que muchos, que los cenetistas republicanos habían vuelto a perder la guerra. Y esta vez, para siempre.

Días después de esta entrevista, el 14 de abril de 2005, tuvo lugar un acto público con ocasión del Homenaje a la Memoria de la República que organizó el Club Atalaya/Ateneo de la Villa en su sede, donde Manuel Velasco, junto a Pascuala Fernández (hija de un cenetista fusilado), fueron distinguidos por su lealtad a los ideales republicanos. Velasco pronunció con emoción contenida unas breves palabras al recoger el distintivo que se le hizo entrega, dando muestras de su reflexiva sabiduría y de su credo en la emancipación de la humanidad.

Pocos meses después, en febrero de 2006, Manuel Velasco fallecería, con su derrota siempre a cuestas, sin renunciar a un ápice de su dolorosa experiencia, pero también sin doblegarse, como aprendió entre las juventudes libertarias.

Estos versos de Ángel Gonzáles podrían haber sido su epitafio:

“No en el lugar del pacto, no

en el de la renuncia,

jamás en el dominio

de la conformidad,

donde la vida se doblega, nunca.”

 

 

[1] GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C. “Cieza en la Historia Contemporánea: II República y Guerra Civil”, en Historia de Cieza, Vol. V. Ed. Compobell, 1995, pág.46.

[2] José Lucas Morcillo, “Nicolo”, que fue presidente de la “Sociedad de Hiladores”, sindicato local de Cieza adscrito a la UGT, refería que “La sección de hilaores estaba toda con nosotros (…) La CNT tenía bastantes picaoras y rastrillaores. Los esparteros eran más fijos en la cosa de la confederación y estaban todos con la CNT” (entrevista “Pepe Nicolo. El Viejo militante olvidado/1”, en “En Cieza. El acabose del 85”, Ed. Club Atalaya, 1985, pág.16).

[3] En enero de 1937 se disolvieron los Ayuntamientos y se decretó la constitución de Consejos Municipales en su sustitución, con representación de todas las fuerzas integrantes del Frente Popular de Izquierdas. En 1 de febrero del mismo año quedaría constituido el Consejo Municipal de Cieza integrado por 15 representantes de sindicatos y partidos de izquierda: 3 republicanos (1 de Unión Republicana y 2 de Izquierda Republicana), 6 de tendencia marxista (1 de Agrupación Socialista, 3 de UGT, 1 de Juventud Socialista Unificada, y 1 del Partido Comunista), y 6 anarquistas (3 de CNT, 2 de FAI y 1 de Juventudes Libertarias, este último Pascual Navarro Rojas) La Presidencia del Consejo, con funciones de Alcalde, la ostentaría siempre el sector anarquista por el apoyo recibido de los votos de Izquierda Republicana. El primer presidente fue Antonio García Ros, “Pancharra”, de CNT, de profesión encargado de finca, siendo sustituido por Pascual Navarro Rojas a partir de 27-6-1938 (GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C. “Cieza…”, op.cit., pág. 17 y 42-43).

 

[4] Muy posiblemente Velasco se refería al año 1934. El movimiento anarquista, que había boicoteado las elecciones de noviembre de 1933 predicando la abstención, se lanzó inmediatamente a una campaña de insurrección estallando en diciembre de aquel año focos revolucionarios dispersos por todo el país, que serían sofocados con más de 700 encarcelamientos, clausuras de locales, suspensiones de prensa y otras represiones (TUÑÓN DE LARA, M. “La Segunda República”, en Historia de España, Dir: Tuñon de Lara, tomo IX, Ed. Labor, 1981, pág.173). Luego en el verano de 1934 tuvo lugar la huelga general de campesinos con importante seguimiento en los municipios de Andalucía y Levante, entre ellos 17 de Murcia, siendo Cieza y Yecla de los pocos núcleos urbanos donde hubo huelga de solidaridad en la ciudad. La huelga fracasó, por la segmentación del movimiento obrero, con el resultado de miles de detenidos, suspensiones de periódicos y clausuras de locales obreros, lo mismo ugetistas que cenetistas o comunistas (TUÑÓN DE LARA, M., op.cit. p.188-189).

[5] La aparición de algunos enfrentamientos violentos entre jóvenes justificó la medida del gobierno derechista de prohibir por Decreto de 28 de agosto de 1934 la militancia política a menores de 16 años y a los que tuvieran menos de 23 sin el consentimiento de sus padres (SOUTO KUSTRÍN, S., “Juventud, violencia política y unidad obrera en la Segunda República española” , en HISPANIA NOVA , nº 2, 2001-2002).

 

[6] En febrero de 1937 se celebró en Valencia el II Congreso de la FIJL con gran participación nacional de representantes de más de 80.000 afiliados que acordarían la creación de un Frente de la Juventud Revolucionaria en convergencia con las juventudes socialistas (PEIRATS, J., “La CNT en la revolución española”, 2ª ed., Paris, 1971, vol.2., pág.52), que nunca terminaría de cuajar.

 

[7] Desde 1906 el movimiento socialista contaba con una Federación de Juventudes Socialistas (FJS), que experimentaría un gran crecimiento en los años 30 (contabilizando más de 20.000 afiliados en su V Congreso de 1934), adoptando cada vez posiciones más cercanas a la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE), organización juvenil del PCE (SOUTO KUSTRÍN, S., op.cit.).

[8] “Zamorano” y “El Gallego” eran dos de las fábricas de esparto más importantes de Cieza. Antonio Zamorano Fernández o “El Zamorano” (distinto de Antonio Torres Zamorano, también conocido como “El Niño Torres”), dispuso de un centro fabril, situado en el ya demolido Cabezo Cirujano, en la confluencia del Camino de Madrid y el Camino de la Estación, con instalación de bandas de picar esparto, rastrillos y carreras de hilaores, fabricando hilaturas, lías y capachos con la marco “Espartos Z”. “El Gallego” era el sobrenombre de Joaquín Gómez Martínez, empresario de gran patrimonio, que desempeñó funciones de Alcalde de Cieza durante algunos meses durante el bienio negro de la república (1934-1936), como presidente de la gestora municipal, disponiendo de varios centros fabriles en Camino del Molino, Camino de la Fuente y Camino de la Estación,  dedicados a fábrica de picar, hilados, trenzados y capachos (“Tiempos de Esparto. Memoria Gráfica. Cieza siglos XX”, vol. I, Ed. Club Atalaya/Ateneo de la Villa de Cieza, 2002, pág. 132-133).

[9] En 1931 hubo varias huelgas de las obreras picaoras que reclamaban la supresión del sistema de destajos (GONZALEZ MARTÍNEZ, C. “Cieza en la Historia Contemporánea: II República y Guerra Civil”, en Historia de Cieza, Vol. V. Ed. Compobell, 1995, pág. 34).

[10] En una recopilación de entrevistas sobre el mundo de las picaoras de esparto (“La cultura del esparto/2. Las mujeres picaoras”, en Revista TrasCieza, Cartapacio íntimo 3, Ed. Club Atalaya /Ateno de la Villa, 1998, pág. 51), las entrevistadas nombraban a paisanas sindicalistas de la república con cierto renombre, como María La Mandanga, La Cerrejilla, Pascuala la Gazpacha (a la que raparon la cabeza), y La Dolores la Cocona (que, en palabras de su sobrina, “…era en tiempos de guerra delegá de las picaoras (….), una mujer mu echá palante, en las juntas que había entonces le gustaba pedir la palabra y hablaba muy bien en público, (…) llevaba un pañuelico colorao al cuello”).

[11] Las estimaciones más ajustadas hablan de más de 100.000 milicianos en todo el Estado. La mitad de ellos pertenecían a los sindicatos de la CNT, 30.000 a la UGT, 10.000 al Partido Comunista, 5.000 al POUM (en su mayor parte, en Cataluña). A las milicias obreras se unió un contingente de 12.000 guardias de asalto, algunos centenares de guardias civiles, algunos miles de soldados y apenas 200 oficiales del antiguo ejército (Wikipedia, “Milicias confederales”).

[12] PAZ, A., “Crónica de la Columna de Hierro“. Ed. Virus, 2001. La Columna de Hierro, fundada por José Pellicer Gandía, llamado el Durruti valenciano, actuó a la vez como milicia de guerra y como organización revolucionaria: levantó actas de sus asambleas, publicó un diario, pegó carteles, distribuyó manifiestos y lanzó comunicados, porque necesitaba explicar sus acciones en la retaguardia y justificar sus movimientos y sus decisiones ante los trabajadores y los campesinos.

 

[13] “Pancho Villa”, el sobrenombre del mítico revolucionario mejicano, tuvo buen predicamento en ambientes izquierdistas de la república. La cita de Velasco está contrastada documentalmente: hubo, efectivamente, un fundador y dirigente de la Columna de Hierro, Rafael Martí, obrero alcoyano, que lo utilizó como nombre de guerra (MAINER CABANES, E., “De milicians a soldats. Les columnas valencianes en la Guerre Civil 1936-1937”. Ed. Universidad de Valencia, 1998, pág.71).

 

[14] La Puebla de Valverde era una pequeña localidad de Teruel, entonces con apenas 2.000 habitantes (actualmente no llegan a 600). Situada a más de 1.100 m. de altura, al pie de la Sierra Camarena en la comarca Gúdar-Javalambre, a  23 km de la capital de provincia, ocupó un lugar estratégico en el frente de Teruel siendo uno de los últimos pueblos turolenses ocupados por las tropas de Franco.

 

[15] Un punto y aparte en el frente de Aragón sería la Batalla de Teruel que se desarrolló desde mediados de diciembre de 1937 a finales de febrero de 1938, con temperaturas extremas que llegaron a -10º. El bando republicano acometió inicialmente una ofensiva con éxito, llegando a ocupar la ciudad durante más de dos meses, pero una contraofensiva del bando del ejército franquista terminaría victoriosa, con la importante ayuda de la aviación alemana de la Legión Condor. Hubo centenares de muertos y miles de heridos de ambos bandos, y más de mil de soldados republicanos fueron hechos prisioneros. La pérdida de Teruel causaría una profunda mella en la moral de los combatientes y en el hombre de la calle, desmintiendo la afirmación más importante: que hubiese nacido el Ejército de la República (ZUGAZAGOITIA, J., “Guerra y vicisitudes de los españoles”, Ed. Tusquets, 2001, pág. 385-386).

[16] Así lo recordó José Lucas Morcillo, Nicolo, dirigente de UGT “Aquello fue una mancha pa la causa, que no sirvió más que pa sembrar odio… y pa que luego fueran encarcelaos a puñaos esparteros, hilaores y picaoras” (entrevista  “Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, en Revista TrasCieza, Desnudando la memoria, Ed. Club Atalaya/ Ateneo de la Villa de Cieza, pág.21).

 

[17]Fue un disparate organizar aquel recibimiento masivo del muerto… Era echar leña al fuego… Y se prendió la llamará” (entrevista  “Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, … pág.21).

 

[18] Los incidentes de la cárcel fueron motivo de las condenas de muerte de 7 u 8 personas de filiación cenetista, encausados todos en un mismo expediente en el que se encontraba también encausado José Templado Martínez, que sería indultado tras varios años de cárcel (GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C. “Cieza en la Historia Contemporánea: II República y Guerra Civil”, en Historia de Cieza, Vol. V. Ed. Compobell, 1995, pág. 60).

 

[19]No, no quiero contar na de aquello. No me quiero acordar… De eso es mejor no hablar… Tanto abuso de antes y tanta incultura… eran una mezcla explosiva a punto de estallar en cualquier momento…” (entrevista “Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, … pág.21).

 

[20] CANO, A. y MARÍN, J., “La memoria histórica de un testigo. Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, en Revista TrasCieza, Desnudando la memoria, Ed. Club Atalaya/ Ateneo de la Villa de Cieza, pág.21).

 

[21]Hubo muchas cosas oscuras en aquella tragedia… ¡La puerta, por ejemplo! ¿Quién abrió aquella puerta maciza de la cárcel? ¡Pa entrar por la fuerza hacía falta un tanque! Aquel D. Emilio, el Director, no quiso evitarlo. Y es que si no hay situación de respeto, si no hay disciplina,,,, to es un desmadre. Y hay que echarle mucho valor y tener mucha entereza pa cuando llegan esos momentos” (entrevista “Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, … pág.21).

 

[22]Macharrín” era el apodo familiar de José Marín Camacho, Juez Municipal. Y la otra víctima de la que no recuerda el nombre es Pedro Molina Ramírez, rastrillaor de esparto como él, que en la memoria oficial quedo relegado a un lugar muy secundario, siendo el único al que tras la victoria del francofalangismo no se le dedicó una calle.

 

[23] El más significado políticamente era José Pérez Gómez, que había sido Alcalde de Cieza (1920-1922 y 1930)  por el Partido Conservador de Juan de la Cierva, siguiendo los pasos de su padre el industrial Juan Pérez Martínez. Pero precisamente “Pepito Pérez”, que era como se le conocía en el pueblo, estaba muy bien considerado por los trabajadores, porque arriesgó su patrimonio en la industria del esparto, y según un dicho popular, “se arruinó por los obreros” (entrevista “Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, … pág.21).

 

[24] Entre otros apuntes, se incluye éstos: “…según confesión del informado estuvo en la cárcel el día del suceso, profanando y mutilando cadáveres”, o “…estuvo en la puerta de la cárcel durante el asalto a la misma, pero se desconoce si tomó parte en los hechos”, o “…se le vio armado por los alrededores del edificio, sin que se pueda determinar si tomó parte en los mismos”, o “…parece ser que tuvo alguna relación con los asesinatos de la cárcel”.  Hay también mujeres sobre las que se informa en términos diversos: “… estuvo en la puerta de la cárcel durante los asesinatos cometidos en la misma”, “…intervino en el asalto a la cárcel”, o “…intervino en la quema de cadáveres en el Cementerio”; frases que reflejan algo más que simples matices en manos de los siniestros informadores que justificarían el diferente alcance de las penas y vejaciones. (Colectivo de Estudios Trascieza, “Tiempo de Represión y de Revancha”, en Revista TrasCieza, Desnudando la memoria, Ed. Club Atalaya/ Ateneo de la Villa de Cieza, pág. 10).

 

[25] NICOLÁS MARÍN, E., “La libertad encadenada. España en la Dictadura Franquista 1939-1975”,  Ed. Alianza, 2005, pág. 67-69.

 

[26] Declaración del primer líder del golpe militar, el General Mola, el  19 de julio de 1936. En la misma línea, en una instrucción reservada de los preparativos del golpe había adoctrinado a sus seguidores que [Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas” (instrucción de 25/5/36, en Wikipedia, “Emilio Mola”)

 

[27] NICOLÁS MARÍN, E., “La libertad encadenada. España en la Dictadura Franquista 1939-1975”,  Ed. Alianza, 2005, pág. 70.

 

[28] RODRÍGUEZ LLOPIS, M., “Historia de la Región de Murcia”, Ed. Regional de Murcia, 1998, pág. 448-449

 

[29] Juan Miguel Fernández Cano era arrancaor de esparto y destacado dirigente de la CNT local de la que sería uno de sus representantes en el Consejo Municipal del Ayuntamiento de Cieza. Fue detenido en Alicante en los últimos día de la guerra cuando a deshora se convenció de que debía salir del país. Pasó retenido varios días en el campo de concentración de Albatera, regresando andando a Cieza, donde lo confinaron en la cárcel. Meses después sería acusado por el carcelero, forzado a buscar culpables para lavar su inocencia, de haberlo visto por el patio de la cárcel cuando los trágicos sucesos de septiembre del 36. Fue condenado a muerte junto a otros imputados por aquellos hechos, aunque a él no se le probó ningún delito de sangre. Fueron ejecutadas rápidamente las penas de todos menos la suya, y a los tres años, en agosto de 1942, lo mataron en la cárcel de Murcia en circunstancias muy extrañas que nunca le aclararon a su viuda  (“Muerte de un cenetista. La memoria de su hija Pascuala”, en Revista TasCieza, Desnudando la memoria, Ed. Club Atalaya/Ateneo de la Villa de Cieza, 1999, pág.29-36).

 

[30] Fernando Bermejo Ramos, militante de CNT y miembro del Consejo Municipal de Cieza (en sustitución de Antonio Sánchez Ramos), fue acusado de mala conducta durante la guerra y de participación en el asesinato del cura de Hellín (GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C., op. cit., pág. 63), en referencia al apodado “Cura Zorro”.

 

[31] Carmen González Martínez en su estudio sobre este periodo histórico, refiere la condena a muerte de siete u ocho personas de filiación cenetista por los sucesos del asalto a la cárcel en 1936, y las ejecuciones de otros tres cenetistas acusados del asesinato de un sacerdote en Hellín. Pepe Nicolo, por su parte, en su citada entrevista (“Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, … pág. 24), alude a un momento muy amargo en la cárcel de Murcia, cuando fue llamado a pasar la noche de despedida de cinco o seis paisanos que serían fusilados al amanecer, citando los nombres de “Sánchez, aquel que era manco, El Cerrajilla, El Caravaqueño, El Maniles y El Longines” .

 

[32]  Diego Jiménez Castellanos, de la burguesía republicana local, abogado, dirigente del Partido Radical y luego del Radical-Socialista, fue nombrado gobernador civil de Huelva por el gobierno del Frente Popular y sería asesinado en 1936 por los militares sublevados de Queipo de Llano (SERRALLONGA I URQUIDI, J., “El aparato provincial durante la segunda república.Los gobernadores civiles, 1931-1939”, en Revista Hispania Nova, nº 7, 2007). José Templado Martínez, médico, exdiputado republicano del mismo partido por la circunscripción de Cieza, sería condenado a muerte y encarcelado en Madrid, siéndole conmutada la pena después de unos años de presidio, que finalmente le costarían la vida al salir muy enfermo. Su hermano Félix Templado, abogado, del Izquierda Republicana, alcalde de Cieza durante el bienio de Azaña y luego diputado nacional por el Frente Popular, se exilió a Méjico, donde moriría sin haber vuelto jamás a España.

 

 

[33] Se conserva una ficha de información e investigación de la represión franquista, referida a Joaquín Salmerón Zamorano (a) Medico, de 33 años, de profesión chófer, vecino de Cieza, sobre el que, entre otros apuntes, se hace anotar lo siguiente: “Afiliado al Partido Socialista y UGT antes y durante el Movimiento. Durante el Movimiento fue voluntario al Ejército rojo y el día del asalto a las ciudades de Hellín y Albacete prestó servicio con su coche acompañando a los dirigentes marxistas. El día que fue asesinado el sacerdote de esta ciudad Don Mariano Ruiz (“el Cura Zorro”), que se encontraba en Hellín el informado condujo en su coche a los asesinos. Requisó un coche del garaje Inglés que se llevó al frente y del cual no se ha vuelto a saber nada, mientras que el coche de su propiedad lo dejaba guardado. (…) Todos los servicios que tenía que realizar los dirigentes marxistas, el informado era el chofer de confianza. El coche lo tuvo controlado por la UGT a los actos de trámite..Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista. Cieza 16 de agosto de 1941. El Secretario Local.”

 

[34] Pepe Nicolo había evocado también el comentado caso: “Senén era una mula… y le dio por ahí, por ese cura… Fueron tres o cuatro a Hellín, y allí le cortaron una oreja… ¡Qué disparate! Y luego, de boquilla, se apuntaron más de cuarenta a decir que se la habían comío en un bar… ¡Cuánto baboso! Hasta al dueño del bar, que era un vacilón, le dio por decir que había comío oreja… La broma le costó luego el susto de ser detenido por los fascistas y pasar dos o tres horas en la cárcel” (Entrevista “Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, … pág.21).

 

[35] GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C., op. cit., pág. 63, con cita de la “Causa Gneral de Murcia”, Caja 1065, en el Archivo Histórico Nacional.

 

[36] Entrevista “Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, … pág.24.

 

[37] NICOLÁS MARÍN, E., “Cieza durante la Dictadura Franquista: política y sociedad en la postguerra”, en en Historia de Cieza, Vol. V. Ed. Compobell, 1995, pág. 75.

 

[38] GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C., op. cit., pág. 63.

 

[39] Entrevista “Pepe Nicolo, el viejo militante olvidado”, 2ª parte, … pág. 23. “Tós amontonaos. Yo dormía en lo que era el taller. El caldero del retrete tenía que estar en la cabeza de uno…”

 

[40] GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C., “Sobrevivir a la represión franquista: condiciones de vida y trabajo de represaliados murcianos”, en IV Jornadas “Historia y Fuentes Orales”: Historia y Memoria del Franquismo, 1938-78, Fundación Cultural Santa Teresa, Ávila, 1994, pág. 433.

 

[41] En el mes de septiembre de 1941, un parte periódico de la Falange comunica la noticia de “la fuga de tres elementos rojos condenados a muerte, de la prisión del partido de Cieza, los cuales afortunadamente fueron localizados por fuerzas de la Guardia Civil, pero al intentar defenderse fueron heridos muriendo a consecuencia de ello”. Recogido por ESCUDERO ANDUJAR, F., “Memoria y vida cotidiana en grupos de oposición al franquismo en Murcia: reconstrucción de experiencias vividas a través de nuevas fuentes”, Murcia, 2005, edición por red (http://www.tesisenred.net/TDR-0215106-102751), pág. 240, citando como fuente el Archivo General de Andalucía, Delegación Nacional de Provincias, SIG 20.557.

 

[42] ESCUDERO ANDUJAR, F., op.cit., pág. 194.

[43] GONZÁLEZ MARTÍNEZ, C. “Vindicación republicana en Cieza: del ardiente compromiso, de la la larga lucha, de la esperanza”, en Revista TrasCieza, Cartapacio íntimo/5, 2005, pág.16.

[44]Tiempos de Esparto. Memoria Gráfica. Cieza siglo XX”, Ed. Club Atalaya/Ateneo de la Villa de Cieza, 2001, pág. 127.

[45] El edificio fue incautado al Sindicato Único de Trabajadores, afiliado a la CNT, y adjudicado a la Delegación Nacional de Sindicatos por Ley 23/9/1939.

 

[46] La solicitud de devolución del local a la CNT de Cieza fue denegada por el Ministro de Trabajo argumentando que el edificio había sido demolido en 1975, construyéndose otro de nueva planta, por lo que era “físicamente imposible su restitución”. Y en razón a tan peregrino argumento, el Consejo de Ministros de 28/8/86 acordó, en aplicación de la Ley 4/1986, compensar económicamente a la CNT en 16.968.000 ptas., que se ingresó a la caja General de Depósitos a disposición de la CNT que sea legitimada por la oportuna de decisión judicial. Por aquellas fechas había un conflicto entre varias ramas anarquistas por las siglas CNT. Estas son las explicaciones dadas por el Director Provincial de Trabajo de Murcia al Secretariado de la CNT de Cieza en escrito de 2/4/1987, que concluía afirmando que “en consecuencia el edificio ha pasado a ser acumulado y por tanto puede ser cedido, en su momento, en función de la representatividad de las organizaciones sindicales y empresariales afectadas (…) antes de la definitiva resolución del Ministro del Departamento” (Archivo Ateneo de la Villa de Cieza).

Fichas Refugiados

Certificados de Trabajo

Cartas Confederales

Carnets Confederales

Juan Miguel Fernández Cano (el valenciano). Fusilado en 1942

JUANMIGUEL

Juan Miguel Fernández Cano

Era espartero, gremio mayoritariamente cenetista, como el de rastrilladores y las picaoras, por las duras condiciones de trabajo, los pagos de miseria, y la falta de cobertura social y sanitaria. Eran gentes verdaderamente míseras, pero solidarias, a un punto que hoy es imposible de imaginar. Los años veinte y treinta del siglo pasado, son época de potentes huelgas en la industria espartera ciezana, sabotajes, y boicot a los productos y a los comercios de aquéllos que no respetaban a los trabajadores y a la Confederación. Juan Miguel fue encarcelado varias veces por ser cenetista y relacionársele con estas acciones, y llegó a ser condenado a ocho años de presidio, pasando seis meses en el penal de Alicante, debido a que el “aforaor” (los “aforaores” eran los encargados de las casetas de cobro municipal por el paso de mercancías, que estaban en las entradas a la ciudad),  había denunciado que le había visto pasar a las doce de la noche por la zona en que la red eléctrica había sido saboteada, durante una huelga.

Fue un hombre destacado por su bondad y su honradez. Perteneció al Consejo Municipal en el año 1937, y estando encargado de la vigilancia de los depósitos de víveres producidos en las colectividades, jamás sacó provecho de esa responsabilidad ni de ninguna otra confiada por la CNT. Ni se vengó de los que años antes le habían mandado a presidio, pudiéndolo haber hecho.

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Plaza dedicada a Antonio Pérez

Pasada la guerra, no quiso huir al extranjero, confiando en que su inocencia de cualquier delito de sangre, le aseguraría el perdón antes o después. Convencido por sus allegados, a última hora decide ir a Alicante para embarcar allí, pero es detenido por los fascistas yenviado al campo de Albatera. Desde allí fue enviado de nuevo a Cieza, donde tenía la orden de presentarse ante el alcalde. D. Antonio Pérez, quien ordena su ingreso en la cárcel (Camino de Murcia, en el parque donde hoy hay un mercado de abastos)

Allí pasa seis meses, sin que hubiera ninguna denuncia por medio, tan sólo la orden del alcalde. Uno de los carceleros, presionado por los fascistas, declara haber visto a Juan Miguel cruzar el patio de la cárcel el día en que fueron asesinados cuatro señoritos que había presos, uno de los cuales, era hermano del alcalde. Pero en realidad, no hacía falta más justificación para enviar a la muerte a un cenetista, ya que por el sólo hecho de serlo, y más en el caso de un hombre en extremo pacífico pero de una dignidad y una honradez insobornables, ya era suficiente para ser blanco de la sed de venganza de la burguesía fascista, orgullosa y deseosa de dar castigo ejemplar a quienes más se habían resistido a su dominio.

Pasados tres años, de los sentenciados a pena de muerte, sólo quedaba él en la cárcel. Aquella pena ni se cumplía ni se le retiraba. Hasta que su esposa decide consultar a la autoridad militar de Murcia, donde le responden que el nombre de su marido no consta en ningún sumario, ni ningún expediente, que no hay ningún documento que demuestre que su marido está preso, y que si ese mismo día se evadiera, no habría orden de ir a buscarlo. Entonces, Paca, su mujer, acude al alcalde D. Antonio Pérez, quien hacía tres años había mandado encarcelar a Juan Miguel, y que antes de la guerra había sido abogado de la CNT, y éste afirma estar tan desconcertado como ella.

A las dos semanas de aquella entrevista, Juan Miguel es fusilado contra las tapias del cementerio de Espinardo, el 3 de agosto de 1942.

La madrugada siguiente, una vecina informa a Paca de su muerte. La mujer va a pie los cuarenta kilómetros hasta la cárcel de Murcia, desde donde le envían al cementerio de Espinardo. Allí, tras reconocer a su marido en la fosa, recibe esta explicación del enterrador: que si quería que sacaran el cuerpo de allí tenía que pagarles 500 pesetas, en un plazo de 24 horas, ya que al día siguiente la fosa sería cubierta con cal.

Después de andar de nuevo hacia la cárcel, a por el hatillo de ropa de su marido, y luego hasta Cieza otra vez, nadie de los que más tenían quiso dar nada; y de los que no tenían, no pudo obtener dinero ninguno,  más que por no querer por no tenerlo.

Placa recort

Placa dedicada a Antonio Pérez en la fachada de la casa donde vivió, en la calle del Cid

Al cabo de algunos años, su hija Pascuala, de las que se extrajeron estas memorias, entró a servir en Madrid en la casa de un acaudalado e insigne personaje ciezano, D. Antonio Pérez, en persona, de quien apenas sabía qué relación pudiera tener con su padre, pero quien conociendo perfectamente la identidad de ella, la trató con la más correcta indiferencia.

El año 1981, Pascuala Fernández, en respuesta a la instancia en que solicita testimonio de la sentencia derivada del sumario seguido a su padre, Juan Miguel Fernández Cano, recibe una certificación de la Capitanía General de la tercera región militar, de Valencia, por la que se certifica que Juan Miguel fue ejecutado el 3 de agosto de 1942 en cumplimiento de una sentencia cuyo sumario no consta.

Certificado de la Capitanía General de la 3ª Región Militar acreditativo de la no constancia de sumario

CARMEN GARCÍA RODRÍGUEZ (la Cubas). Fusilada en Agosto de 1939

Carmen García Rodríguez (la Cubas)

Carmen García Rodríguez (la Cubas)

Delegada de CNT en la fábrica de conservas de Morote, en Cieza. Fue denunciada por “el camachón”, vecino falangista que se la tenía jurada, y que vivía en la misma calle que ella, Pablo Iglesias. En el juicio sumarísimo se le acusa de participar en las muertes de la cárcel, que tuvieron lugar tras el entierro del primer ciezano muerto en combate contra el bando fascista y de las que se desconoce la autoría, y es encerrada en la misma cárcel del partido en Cieza.

Iban a matar a otra mujer, pero ésta estaba dando pecho a un niño, por eso a Carmen la fusilaron en su lugar. Años después esta mujer paraba a las hijas de Carmen y llorando se lo recordaba.

La mataron contra las tapias del cementerio del Padre Jesús el 18 de agosto de 1939. Tenía 45 años y seis hijos, que al morir ella, quedaron huérfanos de padre y madre, ya que Carmen era viuda.

Una de sus hijas, la mayor, fue andando hasta Murcia a la cárcel a llevarle comida, y ahí se enteró de que la habían fusilado.

A sus hijos les son retiradas las propiedades de su madre, y las que les pudieran corresponder por herencia familiar. Ya al faltar ella empezaron a sentir el hambre, desde que estaba en la cárcel, a donde le llevaban una tortilla que desaparecía por el camino o llegaba llena de mordiscos. De los seis hijos, los mayores fueron a trabajar y los pequeños, por ejemplo, Carmen, fueron a vivir sirviendo a señoritos. Carmen se fue con el “pájaro amarillo”, que tenía una tienda de alpargatas en la Esquina del Convento. Los niños quedaron desamparados y a merced del odio de la vecindad reaccionaria. Por ejemplo, un día un derechista tuvo una discusión con Carmen haciendo cola en una tienda; se la llevó y la tuvo encerrada dos horas en un cuarto oscuro hasta que vino el “pájaro amarillo” a sacarla.

Cuando sus nietos consiguieron el auto judicial, no tuvieron valor para dárselo a conocer a Carmen, por miedo de herirla, siendo ella tan mayor y dada la gravedad de las acusaciones que aparecen en el sumario, todas ellas infundadas y basadas en el solo testimonio del falangista que lleva a cabo la denuncia.

 Sumario de Carmen

El consejo de unificación de la industria espartera de Cieza (1937-1939)

El texto que sigue a continuación se publicó en el periódico El Mirador, de Cieza, de sábado 4 de septiembre de 1999. Es el testimonio de Francisco Montiel Parens en relación al Consejo de Espartería de Cieza, experiencia autogestionaria desarrollada en la industria espartera ciezana desde 1937 a 1939. Parens fue uno de los tres comisarios cenetistas del Consejo de Espartería.

FOTO MONTIEL PARENS

Francisco Montiel Parens

El comienzo de la Guerra Civil española convulsionó la vida de todos los estratos sociales de la España de 1936. El mundo del trabajo en la espartería ciezana no fue menos, viéndose afectado igualmente por los acontecimientos de tan nefasto recuerdo. La situación de la industria espartera iba empeorando de forma alarmante; por un lado, la carencia de mercados que junto a las dificultades que se planteaban en el transporte hacía imposible la venta y distribución de los productos cuya única salida era la pignoración en la banca, por la que sólo se obtenía el 75% del valor de coste; por otro lado una buena parte de los trabajadores del sector, dieron comienzo a una etapa de baja producción.

Las ventas de los productos manufacturados disminuyeron de forma ostensible, los responsables de venderlos tenían temor a viajar, dado que, con la revuelta armada, los riesgos que tenían que asumir eran muy grandes; de hecho alguna persona llegó a perder la vida en uno de los viajes que realizó.

El producto manufacturado, que no se vendía, quedaba en los almacenes, lo que generaba una situación de caos económico para algunas empresas cuyo potencial económico no podía soportar esa situación, salvo algunas de ellas: Martínez Montiel, García Silvestre, Guirao Hermanos, Antonio Pérez Cano, Antonio Montiel Pérez y quizás alguna otra más, las demás se vieron obligadas a pignorar las mercancías a unos valores inferiores al real tal como antes se dice. Paralizar la actividad o disminuir las jornadas de trabajo era impensable, dado la situación que se estaba viviendo.

Ante este situación, que sólo podía degenerar en la ruina de los empresarios esparteros, así como en la de los propios trabajadores, a finales del año 1936, se mantuvieron diversos contactos entre dirigentes locales de los sindicatos Unión General de Trabajadores y Confederación Nacional del Trabajo (U.G.T. y C.N.T. respectivamente), en aras de buscar una solución al problema planteado. Por cada organización sindical se nombró una comisión de tres personas que debían buscar y encontrar la forma de solucionar el escabroso problema. Por la Unión General de Trabajadores se designó a D.José Lucas Morcillo, D.Manuel Martínez Cano y D.José Martínez Martínez; por la Confederación Nacional del Trabajo se designó a D.Pascual Gómez Gómez, D.Antonio Penalva Morcillo y el que suscribe, designándose asesor jurídico al entonces abogado ciezano D.Antonio Pérez Gómez.

Los primeros trabajos de esta comisión fueron los de contactar con distintos miembros de la patronal espartera, contactos que dieron lugar a varias reuniones de todos los empresarios con los miembros de la comisión. En la celebrada el día cinco de marzo de 1937 se llegó al acuerdo siguiente: “Los empresarios cederían a los trabajadores las empresas y medios de producción para su gestión y administración”, haciendo dejación y abandono de sus negocios de espartería, de los que se haría cargo la comisión intersindical. Acuerdo que quedó materializado ante el notario de Cieza D.Francisco Fernández Criado, que dio cuerpo legal a la cesión, según acta número cincuenta y seis del día doce de marzo de mil novecientos treinta y siete y que dio lugar al nacimiento de lo que se denominó “CONSEJO DE UNIFICACIÓN DE LA INDUSTRIA ESPARTERA”, vulgarmente conocido como el CONSEJO DE ESPARTERÍA.

El primer paso que había de darse, era la designación de personas que en las distintas áreas fueran capaces de llevar a cabo su cometido de manera satisfactoria, así, se designaron responsables de fabricación, administración, caja, ventas, etc., a diversas personas que cumplieron sus cometidos a la perfección. Hay que hacer notar en este punto, que a la hora de elegir a esas personas, no se tuvo en cuenta su filiación o simpatía política, sino tan sólo su preparación y capacidad para desempeñar la tarea que se le iba a encomendar; esto es así, hasta el punto de que algunos de los empresarios que habían cedido sus empresas ocuparon puestos tales como compras de esparto, ventas, responsables de fabricación en alguno de los centros. Asimismo, para aquellos empresarios que no se unieron a la colectividad, por incapacidad, avanzada edad o enfermedad, que no disponían de otros medios se dispuso proveerles de lo necesario para que pudieran vivir sin privaciones ni necesidades. A las personas que se designaron para ventas, se las había provisto de unas credenciales firmadas por dos miembros del Consejo, que los acreditaba como representantes del mismo.

Actos seguido, se hizo un inventario general, había que conocer con la mayor exactitud cuál era la situación en que se encontraba la industria espartera, que no era muy halagüeña: carencia de obra terminada, carencia de dinero; y lo que era peor, una actitud poco favorable de los propios trabajadores del sector que persistían en la misma postura de trabajar poco o nada, lo que dio lugar a que se adoptase la decisión de suspender toda la actividad.

Para solucionar el problema que se planteaba ante esa actitud de los trabajadores, se convocó una asamblea general de todas las secciones implicadas en la manufactura, celebrándose ésta en el desaparecido “Teatro Galindo”, en la que se adoptó el acuerdo de nombrar unas comisiones en cada una de las fases del proceso productivo; su misión consistía en definir la cantidad de producción que en cada puesto de trabajo habría de realizarse. Lo que fue aceptado tanto por los trabajadores como por el propio Consejo, reanudándose de manera inmediata la actividad laboral.

Pero éste no era el único problema con el que iba a enfrentarse el Consejo de Unificación de la Industria Espartera, ya que otro de suma importancia planeaba sobre la organización, el dinero, ¿cómo iba a financiarse la actividad? La solución no parecía sencilla, aunque luego en la práctica resultó muy simple, el que suscribe, acompañado de dos miembros del Consejo y del abogado del mismo, visitamos a D. Mariano Martínez Montiel, propietario de la desaparecida Banca Martínez Montiel, el cual facilitó los créditos necesarios para el desarrollo de la actividad, en tanto no se generaban fondos propios.

Aunque las seis personas que formaban la comisión representativa, salieron de los sindicatos, estos no tuvieron ninguna participación en la gestión del Consejo, fueron esas mismas seis personas las que mediante su participación al servicio del mismo, ejerciendo actividades como: compras, ventas, gestiones administrativas y bancarias, etc., las encargadas de llevar adelante la labor que se habían encomendado, asignándose un sueldo igual al de los obreros que estaban en las fábricas.

Algunas de las empresas que habían sido cedidas al Consejo, ya se ha dicho que no marchaban económicamente bien, sus deudas fueron paulatinamente canceladas. La marcha económica del Consejo de Unificación de la Industria Espartera fue bastante buena, ya que al terminar la contienda civil que asoló España, disponía de algo más de tres millones de pesetas en sus cuentas bancarias, además de ingentes cantidades de producto manufacturado depositado en los almacenes a la espera de su venta.

Hay que destacar alguno de los aspectos sociales que el Consejo creó y que suponían un gran avance en la protección de los trabajadores: se creó un servicio de asistencia médica, para los mismos y sus familias, al frente del cual se puso al facultativo D. Francisco Fernández Valcárcel y los trabajadores que causaban baja por enfermedad o accidente, percibían un salario semanal de 25 pesetas.

Al finalizar la guerra civil, algunos empresarios, de los que habían cedido sus empresas, formularon una denuncia contra los seis miembros del Consejo, en la que les acusaban, entre otras cosas, de incautación violenta y atraco a mano armada, hechos totalmente falsos, y gracias a la intervención del entonces alcalde de Cieza D.Antonio Pérez Gómez, que puso en antecedentes a las autoridades militares, la cosa no llegó a mayores. La autoridad militar convocó a los empresarios para que explicaran el motivo de su denuncia, no pudiendo estos ratificarse en la misma, ante la situación de prosperidad que en ese momento gozaba la industria espartera.

Son muy pocas las personas que en la actualidad aún viven, de los seis miembros que formaron la comisión sindical, sólo el que suscribe, además de dos personas más que colaboraron en las tareas de administración de la empresa, de todos ellos guardo un grato recuerdo.

Sirvan estas líneas como merecido homenaje a todas aquellas personas que pusieron su esfuerzo al servicio de una causa justa.

Francisco Montiel Parens

Enlace al acta de cesión de la industria espartera al consejo de unificación CNT-UGT