Archivos Mensuales: agosto 2014

Campaña electoral = Campaña de abstención

Con las próximas elecciones municipales, autonómicas y generales para el año que viene, los partidos políticos y los medios de comunicación a su servicio comienzan la campaña electoral. De hecho ya la han empezado desde este año con motivo de las elecciones en mayo al parlamento europeo. Todos se lanzan al juego de reencantar a un electorado con cada día más desafecto hacia el sistema político vigente.

Hay muchos sondeos sobre intención de voto, pero poco interés por profundizar en el fenómeno de la abstención, una abstención creciente en todos los países de sistema parlamentario. Porque ir al origen de ese fenómeno sería reconocer el fracaso de ese sistema político, junto al fracaso del sistema económico que lo sostiene, es decir, sería hacer crítica del capitalismo, y ningún partido político está dispuesto a defender una revolución.

Por eso, se dedican a culpar a la abstención de todos los males creados por el capitalismo y la farsa de democracia que es el parlamentarismo. Por eso, cuando se escucha el mensaje abstencionista del anarquismo, se le tacha igualmente de irresponsable. Si en España casi un tercio de la población infantil (tres millones de niños) vive en riesgo de pobreza, si existen seis millones de parados, si se han producido más de medio millón de desahucios desde el inicio de la crisis, si la sanidad y la educación pública se vienen abajo, la culpa según los votantes, es de quien se abstiene de votar, no de las instituciones que llevan a cabo las políticas antisociales que llevan a esta situación.

Y lógicamente lo sería si no fuera porque hay acción social más allá del voto, y acción social alternativa al voto. Y es precisamente esta forma de acción la que deja en evidencia la falacia del voto útil y el voto activo.

Históricamente, no ha habido cambio político significativo que no haya sido el producto de la lucha social en la calle. Ningún cambio social de importancia se ha logrado por medio de unas elecciones, todo lo más éstas vienen a ratificar lo que ya existe de hecho. Si los partidos de izquierda fueran consecuentes con la teoría socialista, no andarían proclamando el poder de las urnas para cambiar una sociedad, porque esa teoría parte del materialismo y de la afirmación de la evolución de las relaciones de producción, hacia el choque de clases, como motor de cambio. Luego, manda la economía, manda el capital, quien financia a los partidos, que harán la política que aquél demande. El margen de maniobra de los partidos es mínimo, tal como demuestra la historia contemporánea. Ninguna fuerza política que actúe dentro de las instituciones las cambiará, porque para actuar desde ellas tiene que aceptar sus reglas.

Aunque ya tenemos más de treinta años de experiencia de lo que son los partidos, nuevas fuerzas políticas, con un mensaje todavía peor que el de los partidos de izquierda tradicionales, por su carácter populista, están logrando engañar a muchos. Les cuentan cuentos sobre mejoras que no van a cumplir, y allí está la historia y la lógica para demostrarlo. El voto nunca ha sido útil, ni para parar al capital, ni para parar al fascismo, ni siquiera para conseguir mejoras transitorias, porque el poder para conseguir estas mejoras pertenece a la sociedad en lucha directa contra las instituciones, y no a las organizaciones políticas que aceptan el juego institucional. Esta verdad dolorosa, la aprenderá el pueblo a base de golpes si no es capaz de comprenderla por la inteligencia.

Se arguye que el anarquismo critica el voto pasivo, pero que es posible también el voto activo, es decir, votar y seguir luchando en la calle durante los siguientes cuatro años. Pero si tenemos en cuenta que la intención de votar ya supone la aceptación de la idea de que los partidos harán más rápido, mejor y de forma más “pacífica”, el trabajo de la sociedad, se parte de la incapacidad del pueblo para organizarse sin partidos, y eso perjudica precisamente esa capacidad.

Si tenemos en cuenta además, que es la pasividad social, y no la abstención, la responsable indirecta de soportar esta situación, y reconocemos que ha sido la democracia representativa la que ha creado a esta masa de espectadores, consumistas, y votantes pasivos, lo único que ganaremos legitimando este sistema será crear más pasividad social, con lo que el voto no puede ser activo, ni responsable, sino que resulta justo lo contrario.

Se trata de conseguir la dignidad y la humanidad por encima de todo. No somos votos, antes que nada somos personas, y aunque fuera cierto que los partidos nos traerían una supervivencia segura y un consumo abundante, no merece la pena una vida sumisa y dependiente. La democracia auténtica sólo crece por su propio pie, y no hay motivos para delegar poder en nadie, porque el pueblo es capaz de conseguir eso y más.

Jamás se culpe al anarquismo de ser responsable del ascenso del fascismo, porque si la abstención que provoca los ascensos electorales de la derecha fuera anarquista, ya no estaríamos hablando de elecciones, ni de derechas ni de izquierdas, sino de autogestión.

Por eso, a la campaña electoral, ha de responderse con la campaña de abstención, con las ideas muy claras y la conciencia muy tranquila de estar cumpliendo con el deber democrático de luchar por la autoemancipación popular.

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