Archivos Mensuales: enero 2014

Más de lo mismo

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El martes, 21 de enero, en la conferencia organizada por el Foro del pensamiento y el diálogo, acerca de las sociedades del futuro, se reiteraba el discurso típico de la socialdemocracia a través de varias ideas clave:

1. Que el futuro es imprevisible, que no podemos predecir lo que ocurrirá con las sociedades en el futuro.

Es decir, que la agencia del cambio no es social, sino técnica y aleatoria. Esta idea nos desarma para comprender la historia y para construir una alternativa al sistema, dejándonos en todo caso solo la posibilidad de mejorarlo.

2. El poder político ha sido suplantado por el económico.

Como si no fuera el capital el que manda desde siempre, y ocultando una evidencia mayor, la de que el poder social ha sido suplantado por el poder político.

3. Que la existencia de una clase media y un estado del bienestar prevenía de la protesta pero que en adelante el empobrecimiento de esta clase media llevará al estallido social.

A esto hay que decir que la pobreza es un factor de descontento y estallido social, pero no necesariamente de revolución, dado que ahí está el reformismo de la socialdemocracia y el cuento xenófobo de la ultraderecha para dividir al pueblo y desviarlo de su legítimo objetivo, el de revolución autogestionaria.

4. Que la clase obrera no existe ya, que el movimiento obrero murió, y que ya no hay conflicto entre asalariado y patrón, sino solo una queja por ser más pobre que antes.

Esto lo saben los millones de trabajadores que sufren jornadas extenuantes con sueldos de pobreza, contratos basura o simplemente sin contrato, más los millones que están desempleados por obra y gracia de la patronal y de los que están a su servicio, desde la política, el sindicalismo, la cultura…

5. Que se prevé una emergencia de lo social desde el ámbito de lo local, sin lucha de clases, y desde el ciudadanismo, reivindicando el derecho a participar en las instituciones de la democracia representativa.

Esta es la profecía que se autocumple. El reformismo surge desde el sistema, está ahí para perpetuarlo, y en tanto participa del poder, se predice a sí mismo pronosticando su propia continuidad. Efectivamente, si la gente no cree en el cambio, o mejor dicho, se cree la farsa de cambio que el reformismo le vende, no habrá cambio. Nada es más fácil de predecir. La predicción sobre las sociedades del futuro fue clara en este sentido desde el inicio del discurso: no se puede predecir en tanto la sociedad no es el actor del cambio, porque el sentido y la historia desaparecen frente a un horizonte estable en el que solo es posible una acción correctiva sobre las fuerzas mecánicas del sistema. Mientras la mayoría popular siga asumiendo esta premisa, no podrá salir de la prisión ideológica de la reforma, hecha para mantenernos dependientes del estado y del capital.

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LEÑA AL FUEGO

Se acabó el día de San Antón, y la noche dedicada al fuego. El fuego es símbolo de luz y de vida. En enero el día va ganando terreno a la noche, pero al mismo tiempo, la noche se irá haciendo menos fría y podremos disfrutar más de ella. Traer el fuego a la calle es una forma de celebrar el crecimiento del nuevo año trayendo como el sol la luz y el calor a un medio frío y oscuro, lo que da lugar a una mezcla poderosa.

En el pasado, estas costumbres servían ante todo para crear una conexión vital entre seres humanos y con el medio ambiente. Consideremos cuánto de luz, de calor y de vida, hay en nuestro entorno social local, y en qué forma se celebra el fuego aquí.

Este año, como el anterior, el ayuntamiento a través de sus asociaciones afines, ha financiado un espectáculo en la esquina del convento. Un público, separado del fuego por vallas metálicas, contemplaba cómo los organizadores lo encendían y alimentaban, y escuchaba cantar desde lo alto de un escenario a artistas invitados para el espectáculo.

Una vez más, el poder demuestra su prepotencia y su falta de imaginación. Prepotencia, porque después de muchos años sin hacer nada por amenizar esta noche, éste se apresuró a ocupar el espacio que el año anterior había usado para el fuego un grupo ciudadano espontáneo, seguramente con la intención  de evitar que volvieran a usar este sitio céntrico y emblemático del movimiento 15-M.

Ese año, el fuego lo fueron creando los vecinos que se reunieron allí; allí quemaron las efigies de la avaricia, el egoísmo, y el afán de dominación, se calentaron, cocinaron su cena, y se iluminaron para cantar letras de rebeldía, desafiando al frío  y la oscuridad más peligrosos, los que habitan en el interior de la conciencia, hoy sumisa y amnésica. ¿Qué fue de las noches en que el pueblo se reunía por propia iniciativa, en que la vecindad era una extensión de la familia y se sentía la proximidad de los otros como una ayuda y un consuelo, y no como una coincidencia fría de cuerpos en medio de la noche, reunidos por el consumo de imágenes y sonidos precocinados?

Esa pregunta estaba en el aire aquella noche. Y el poder no puede suplantar la capacidad de la iniciativa popular para estimular la imaginación utópica y la vida misma, que es revolución, luz y movimiento, como el fuego. En lugar de eso, solo sabe generar una caricatura de la vida colectiva auténtica, espectáculos y públicos espectadores. Por poco nos libramos aquella noche de que la policía nos empapelara por querer encender un fuego en lugar, decían ellos, no permitido, “no puede ser que os hayan permitido hacerlo aquí, porque en este sitio no nos consta que jamás se haya encendido hoguera”.  Jamás, hasta que súbitamente cobró interés para el poder.

Pero la revolución es como el fuego, cuando creen haberla sofocado, se extiende de nuevo conforme prende la primera llama, y esta llama nunca se apaga, porque ellos ponen la leña, pilas y pilas de leña cada día, sobre nuestras espaldas y nuestras conciencias, la leña de la escasez, de la incertidumbre, la angustia y la desesperación, más la de los siglos y siglos de injusticia sufridos. Que echen leña, que más pronto que tarde esta leña arderá, y de nada valdrán sus artimañas, porque de sobra saben de dónde vendrá la chispa.

Desafíos en el 2014

Desafíos en el 2014:

Andar por las calles de Cieza, por sus paseos y plazas, en diferentes horas y fechas, en un ejercicio de observación de la afluencia humana a los principales espacios no privados en que es posible reunirse en esta ciudad, permite deducir rasgos importantes de la sociedad local en que vivimos.

El hecho de que no haya un lugar de reunión donde alojar el pensamiento y la actividad independientes de las instituciones jerárquicas y corruptas como son ante todo los partidos políticos y la Iglesia, facilita enormemente el dominio de éstas. Esto dice mucho del estado de asfixia en que vive la cultura cívica en esta localidad, donde el ayuntamiento está negando local a asociaciones ciudadanas, como es la de vecinos del barrio de San José Obrero (pagando alquiler de un bajo privado, mientras el local público correspondiente se mantiene como academia de baile en beneficio privado) o a  organizaciones ecologistas, cuando por otro lado sí acoge a asociaciones fundamentalistas y reaccionarias como la de los policías cristianos, a la que facilita sala permanente en un centro cultural, el de géneros de punto.

Estos hechos, aun siendo una injusticia, dan la razón al movimiento social independiente, necesitado de un espacio propio. Existe así el desafío social de conseguir este espacio independiente y autogestionado, a cuya consecución va dirigida en parte la actividad de este blog.

El dominio informativo del espacio por las jerarquías, su oligopolio de medios y espacios informativos y comunicativos, distancia una vez más lo público de lo popular, y hace destacar nuevamente la farsa de democracia que impone el estado corporativo. Este control sobre el espacio se traduce en un condicionamiento social del tiempo de acuerdo a parámetros establecidos por el mercado, la Iglesia y el Estado, tres instituciones que se funden en una, el capitalismo, la conformación del ser humano como “res”, cosa o cabeza de ganado.

Los espacios urbanos abiertos, de funcionalidad también más “libre”, se llenan en Cieza principalmente bajo unos pocos supuestos empíricamente comprobables: uno, cuando la temperatura aumenta en invierno o desciende en verano, dos para seguir los pasos procesionales, tres en los acontecimientos deportivos como carreras ciclistas o maratones. Es en los dos últimos cuando verdaderamente se llena la calle, ya que la afluencia a las plazas, paseos y calles durante otras fechas como carnaval y feria es mínima en relación a la importancia de esas festividades en nuestro calendario.

Fuera del ocio público, en el privado, destacan las concentraciones en espacio abierto no urbano, no como parte de una vuelta a la naturaleza, sino para hacer botellón. Estas concentraciones pudieron contemplarse bajo la ermita a plena luz del día después de la procesión, mostrándose como la otra cara de la beatitud.

Del resto del tiempo se puede decir que fiel al espíritu de rebaño, el ciezano afluye a la calle principalmente para salir de compras, de lo mínimo, ya que ésta no es una ciudad de compras. Para compras y ocio los ciezanos prefieren los grandes almacenes situados cerca de la capital, lo que también es signo de aburrimiento y falta de estímulo cultural en la localidad. Por la misma razón, es sensible el vaciado del pueblo durante los festivos en general y sobre todo en la feria de agosto, en claro contraste con la semana santa, en la que se hace evidente el fuerte gasto público en comparación con otras fiestas.

El tiempo restante la calle queda vacía, hay reclusión en el ámbito privado con un dominio de la televisión en conjunto con el ocio de la Internet de masa, mediante un uso superficial y a veces un abuso de las redes sociales frente a los contactos cara a cara.

Todo esto acusa la ausencia de un espacio urbano de cultura crítica, de convivencia cívica autogestionada, y también de organización política hacia la democracia directa y la superación de la explotación capitalista.

Estas aspiraciones viven latentes en el pueblo, como necesidad natural acallada por razonamientos represores inculcados desde el poder.

Pero por más que no haya rebelión, es palpable la frustración en las múltiples manifestaciones autodestructivas del pueblo, la peor de las cuales está siendo el desclasamiento, la pretensión de ser rico cuando se sigue siendo un esclavo, el volverse contra nuestro igual en rivalidad en lugar de solidarizarse, la envidia y la alegría por el mal ajeno, ilusión de satisfacción clasista que tal vez la pauperización a que nos está sometiendo el dominio neoliberal se encargue de destruir. Sea como sea, ante la dinámica cíclica capitalista con fases de empobrecimiento y mejora para la clase trabajadora, la constante ha de ser siempre la de aprovechar las ventajas de cada fase para despertar la inteligencia popular.

Tal vez el gran reto social para el año que entra sea desmontar los argumentos que inmovilizan e infunden una falsa conciencia, y trasladar un mensaje de rebelión a estudiantes, parados y trabajadores, que sirva para reconstruir el movimiento obrero asambleario, lo que podría dar lugar al sostenimiento de una casa del pueblo de carácter netamente libertario, ya que no es seguro que un centro social por sí mismo sea capaz de reunir la lucha cultural y autogestionaria con la del mundo del trabajo asalariado, que por desgracia, sigue siendo el mundo de todos por mucho que se intente recurrir a fórmulas intermedias, en las que al final, por la dependencia del mercado, uno se convierte en un trabajador asalariado por cuenta propia. Aunque ésta es solo una opinión basada en una reflexión del momento, que invito a refutar en debate en este blog.

Mucho ánimo y salud a lo que queda de pueblo de esta localidad