El consejo de unificación de la industria espartera de Cieza (1937-1939)

El texto que sigue a continuación se publicó en el periódico El Mirador, de Cieza, de sábado 4 de septiembre de 1999. Es el testimonio de Francisco Montiel Parens en relación al Consejo de Espartería de Cieza, experiencia autogestionaria desarrollada en la industria espartera ciezana desde 1937 a 1939. Parens fue uno de los tres comisarios cenetistas del Consejo de Espartería.

FOTO MONTIEL PARENS

Francisco Montiel Parens

El comienzo de la Guerra Civil española convulsionó la vida de todos los estratos sociales de la España de 1936. El mundo del trabajo en la espartería ciezana no fue menos, viéndose afectado igualmente por los acontecimientos de tan nefasto recuerdo. La situación de la industria espartera iba empeorando de forma alarmante; por un lado, la carencia de mercados que junto a las dificultades que se planteaban en el transporte hacía imposible la venta y distribución de los productos cuya única salida era la pignoración en la banca, por la que sólo se obtenía el 75% del valor de coste; por otro lado una buena parte de los trabajadores del sector, dieron comienzo a una etapa de baja producción.

Las ventas de los productos manufacturados disminuyeron de forma ostensible, los responsables de venderlos tenían temor a viajar, dado que, con la revuelta armada, los riesgos que tenían que asumir eran muy grandes; de hecho alguna persona llegó a perder la vida en uno de los viajes que realizó.

El producto manufacturado, que no se vendía, quedaba en los almacenes, lo que generaba una situación de caos económico para algunas empresas cuyo potencial económico no podía soportar esa situación, salvo algunas de ellas: Martínez Montiel, García Silvestre, Guirao Hermanos, Antonio Pérez Cano, Antonio Montiel Pérez y quizás alguna otra más, las demás se vieron obligadas a pignorar las mercancías a unos valores inferiores al real tal como antes se dice. Paralizar la actividad o disminuir las jornadas de trabajo era impensable, dado la situación que se estaba viviendo.

Ante este situación, que sólo podía degenerar en la ruina de los empresarios esparteros, así como en la de los propios trabajadores, a finales del año 1936, se mantuvieron diversos contactos entre dirigentes locales de los sindicatos Unión General de Trabajadores y Confederación Nacional del Trabajo (U.G.T. y C.N.T. respectivamente), en aras de buscar una solución al problema planteado. Por cada organización sindical se nombró una comisión de tres personas que debían buscar y encontrar la forma de solucionar el escabroso problema. Por la Unión General de Trabajadores se designó a D.José Lucas Morcillo, D.Manuel Martínez Cano y D.José Martínez Martínez; por la Confederación Nacional del Trabajo se designó a D.Pascual Gómez Gómez, D.Antonio Penalva Morcillo y el que suscribe, designándose asesor jurídico al entonces abogado ciezano D.Antonio Pérez Gómez.

Los primeros trabajos de esta comisión fueron los de contactar con distintos miembros de la patronal espartera, contactos que dieron lugar a varias reuniones de todos los empresarios con los miembros de la comisión. En la celebrada el día cinco de marzo de 1937 se llegó al acuerdo siguiente: “Los empresarios cederían a los trabajadores las empresas y medios de producción para su gestión y administración”, haciendo dejación y abandono de sus negocios de espartería, de los que se haría cargo la comisión intersindical. Acuerdo que quedó materializado ante el notario de Cieza D.Francisco Fernández Criado, que dio cuerpo legal a la cesión, según acta número cincuenta y seis del día doce de marzo de mil novecientos treinta y siete y que dio lugar al nacimiento de lo que se denominó “CONSEJO DE UNIFICACIÓN DE LA INDUSTRIA ESPARTERA”, vulgarmente conocido como el CONSEJO DE ESPARTERÍA.

El primer paso que había de darse, era la designación de personas que en las distintas áreas fueran capaces de llevar a cabo su cometido de manera satisfactoria, así, se designaron responsables de fabricación, administración, caja, ventas, etc., a diversas personas que cumplieron sus cometidos a la perfección. Hay que hacer notar en este punto, que a la hora de elegir a esas personas, no se tuvo en cuenta su filiación o simpatía política, sino tan sólo su preparación y capacidad para desempeñar la tarea que se le iba a encomendar; esto es así, hasta el punto de que algunos de los empresarios que habían cedido sus empresas ocuparon puestos tales como compras de esparto, ventas, responsables de fabricación en alguno de los centros. Asimismo, para aquellos empresarios que no se unieron a la colectividad, por incapacidad, avanzada edad o enfermedad, que no disponían de otros medios se dispuso proveerles de lo necesario para que pudieran vivir sin privaciones ni necesidades. A las personas que se designaron para ventas, se las había provisto de unas credenciales firmadas por dos miembros del Consejo, que los acreditaba como representantes del mismo.

Actos seguido, se hizo un inventario general, había que conocer con la mayor exactitud cuál era la situación en que se encontraba la industria espartera, que no era muy halagüeña: carencia de obra terminada, carencia de dinero; y lo que era peor, una actitud poco favorable de los propios trabajadores del sector que persistían en la misma postura de trabajar poco o nada, lo que dio lugar a que se adoptase la decisión de suspender toda la actividad.

Para solucionar el problema que se planteaba ante esa actitud de los trabajadores, se convocó una asamblea general de todas las secciones implicadas en la manufactura, celebrándose ésta en el desaparecido “Teatro Galindo”, en la que se adoptó el acuerdo de nombrar unas comisiones en cada una de las fases del proceso productivo; su misión consistía en definir la cantidad de producción que en cada puesto de trabajo habría de realizarse. Lo que fue aceptado tanto por los trabajadores como por el propio Consejo, reanudándose de manera inmediata la actividad laboral.

Pero éste no era el único problema con el que iba a enfrentarse el Consejo de Unificación de la Industria Espartera, ya que otro de suma importancia planeaba sobre la organización, el dinero, ¿cómo iba a financiarse la actividad? La solución no parecía sencilla, aunque luego en la práctica resultó muy simple, el que suscribe, acompañado de dos miembros del Consejo y del abogado del mismo, visitamos a D. Mariano Martínez Montiel, propietario de la desaparecida Banca Martínez Montiel, el cual facilitó los créditos necesarios para el desarrollo de la actividad, en tanto no se generaban fondos propios.

Aunque las seis personas que formaban la comisión representativa, salieron de los sindicatos, estos no tuvieron ninguna participación en la gestión del Consejo, fueron esas mismas seis personas las que mediante su participación al servicio del mismo, ejerciendo actividades como: compras, ventas, gestiones administrativas y bancarias, etc., las encargadas de llevar adelante la labor que se habían encomendado, asignándose un sueldo igual al de los obreros que estaban en las fábricas.

Algunas de las empresas que habían sido cedidas al Consejo, ya se ha dicho que no marchaban económicamente bien, sus deudas fueron paulatinamente canceladas. La marcha económica del Consejo de Unificación de la Industria Espartera fue bastante buena, ya que al terminar la contienda civil que asoló España, disponía de algo más de tres millones de pesetas en sus cuentas bancarias, además de ingentes cantidades de producto manufacturado depositado en los almacenes a la espera de su venta.

Hay que destacar alguno de los aspectos sociales que el Consejo creó y que suponían un gran avance en la protección de los trabajadores: se creó un servicio de asistencia médica, para los mismos y sus familias, al frente del cual se puso al facultativo D. Francisco Fernández Valcárcel y los trabajadores que causaban baja por enfermedad o accidente, percibían un salario semanal de 25 pesetas.

Al finalizar la guerra civil, algunos empresarios, de los que habían cedido sus empresas, formularon una denuncia contra los seis miembros del Consejo, en la que les acusaban, entre otras cosas, de incautación violenta y atraco a mano armada, hechos totalmente falsos, y gracias a la intervención del entonces alcalde de Cieza D.Antonio Pérez Gómez, que puso en antecedentes a las autoridades militares, la cosa no llegó a mayores. La autoridad militar convocó a los empresarios para que explicaran el motivo de su denuncia, no pudiendo estos ratificarse en la misma, ante la situación de prosperidad que en ese momento gozaba la industria espartera.

Son muy pocas las personas que en la actualidad aún viven, de los seis miembros que formaron la comisión sindical, sólo el que suscribe, además de dos personas más que colaboraron en las tareas de administración de la empresa, de todos ellos guardo un grato recuerdo.

Sirvan estas líneas como merecido homenaje a todas aquellas personas que pusieron su esfuerzo al servicio de una causa justa.

Francisco Montiel Parens

Enlace al acta de cesión de la industria espartera al consejo de unificación CNT-UGT

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Publicado el diciembre 23, 2013 en CNT Cieza, Historia. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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